Gracias a "La Capital", que nos permite a sus lectores escribir unas líneas, y desmenuzar situaciones de la vida diaria, nuestras inquietudes, críticas a la intolerancia, en fin, nos permite tener un espacio libre que merece estar agradecidos. Después de las elecciones Paso, charlando con familiares, pregunté a un matrimonio a quién habían votado, me dijeron a Del Sel. Me interesó el porqué, me contestaron "por bronca". No entro en las razones, que respeto y no comparto, porque en una elección no se vota enojado, hay que votar con seriedad, porque es el futuro de la provincia, y es nuestra vida, tenemos el poder de elegir, pero con inteligencia, analizando propuestas. Sucede lo mismo en la elección de presidente. Siempre insisto en que cada candidato debe mostrar al pueblo, sus planes de gobierno. No hay seguridad de que lo cumplan. Cuento mi desilusión, cuando asumió de presidente Carlos Menem. Yo lo voté, tenía una propuesta de gobierno que me entusiasmó, era un hombre del interior, un riojano humilde que proponía buenas medidas para el pueblo. En un reportaje que le estaban haciendo por televisión, un periodista le preguntó cuál era la razón por la que no había cumplido lo prometido en su campaña, Menem contestó: "si hubiera contado lo que pensaba hacer, no me hubiera votado nadie". La falta de seriedad, la no trasparencia, hacen que el electorado pierda confianza en los candidatos. El mal de nuestro país es que los que suben al poder, priorizan su situación personal, y luego, si tienen tiempo se ocupan de su verdadera función. Cualquiera se da cuenta, los cientos, miles de candidatos para la función pública. Ser funcionario es para servir a la Nación y a su pueblo. Muchas veces pienso en qué lugar estaríamos si tuviéramos buenos funcionarios, probos, sin manchas, seríamos la primera potencia mundial. Tenemos todo, no hay país que nos supere, tenemos territorio, agricultura, ganado, minerales, ríos, océano, petróleo, los vientos más fuertes, que nos permitiría reemplazar el petróleo, bueno todo lo dicho, todos los argentinos lo saben. Hay buenos funcionarios, pero tienen que pelear contra los acomodados, personajes que aparecen en todos los gobiernos, clase nefasta, que se solucionaría si los cargos altos fueran cubiertos por personal idóneo y por concurso. Soñar no cuesta nada. En algún venturoso futuro, los argentinos verán gobiernos, funcionarios educados, preparados, idóneos para la función que cumplen, sin rebajar al que piensa diferente, sin odios ni rencores, respetando la vida, no admitiendo extranjeros que vienen a nuestro país a robar.




































