Otros dos malos pasos fueron dados esta semana por la Argentina en la cuestión Malvinas, que claramente ha sido elegida por el gobierno como caballito de batalla de sus relaciones exteriores, degradadas al rol de proveer consenso interno a cualquier precio. Pese a no haber logrado en la reciente Cumbre de Cartagena ninguno de sus objetivos, porque eran sencillamente imposibles (fundamentalmente, una declaración final a favor de la posición argentina en Malvinas que estuviera firmada por EEUU y Canadá, además de sus aliados), la Argentina persiste en romper las reglas que rigen el mundo diplomático de la peor manera.




























