No se puede quedar bien con Dios y con el diablo. Esta es la encrucijada en la que se encuentra hoy el gobierno socialista de Binner. Está de acuerdo con aumentarles a los estatales, a los maestros, a los municipales y a todos los que dependen de ellos. Nombra gente, crea reparticiones, provinciales y municipales y toma más gente. Hace recitales con los mismos luchadores de siempre, que cobran 80 "lucas". Todo bárbaro. Pero la fiesta, ¿quién la paga? Por supuesto los que trabajamos y no participamos de esa fiesta. Esta gente jamás pagó un sueldo de sus bolsillos, ni corrió el riesgo de saber si los podría pagar por su cuenta nunca. Siempre al cobijo del Estado, creen que ese Estado es sin fondo y no hay problema con aumentarles a los tontos de siempre, que se enriquecieron en este tiempo (léase: trabajamos para tener lo que tenemos). Esta vez se terminó y ahora la cara de Binner de yo no fui, arréglenme esto. Yo nunca fui político, ni tampoco milito en ningún partido. Realmente, mientras tengamos esta gente manejando las instituciones estamos al horno. Y eso que son una joyita frente a los del Estado nacional. Claro, por comparación, los de la provincia ni largan. Pero así nos fue por elegir al menos malo. Son malos todos: esperemos algún día tener alguna opción rescatable como la están teniendo nuestros vecinos y hasta Perú, con un reciclado Alan García, que aprendió de sus errores.
































