El miércoles 12 de agosto de 2015 Rosario amaneció en medio de una fuerte tormenta. El clima ya había mostrado sus dientes en el sur provincial, dejando bajo agua a localidades enteras, como Sanford. En pocas horas, en la ciudad cayeron unos 100 milímetros, lo que provocó el desborde del arroyo Saladillo. Y las lluvias se extendieron hasta el viernes. Ese es el último registro que tiene Rosario del fenómeno conocido como El Niño de intensidad severa. Una situación que todos los pronósticos meteorológicos advierten que se desarrollará nuevamente a partir del segundo semestre del año y hasta entrado el 2027. Por eso, desde la Dirección de Riesgos y Protección Civil del municipio ya tienen identificados a doce barrios que por su ubicación o su historia son considerados de riesgo ante una posible crisis hídrica.
“Aunque todavía es temprano para tener un escenario claro sobre los impactos locales, sabemos que en la segunda mitad del año pueden registrarse eventos climáticos extremos. Por eso, es fundamental el monitoreo y anticiparnos lo más posible”, advierte Gonzalo Ratner, director de Gestión de Riesgos y Protección Civil del municipio.
Según comunicó recientemente la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la probabilidad de El Niño entre junio y agosto es del 80 % y, para los períodos de julio a septiembre, agosto a octubre y septiembre a noviembre, las chances son cercanas o superiores al 90 %. El Niño es un fenómeno caracterizado por la fluctuación de las temperaturas del océano Pacífico, que genera cambios en la atmósfera e influye en las condiciones climáticas de distintas partes del mundo. En la región, se asocia al incremento en la intensidad y frecuencia de fuertes precipitaciones y tormentas.
Desde hace meses, en Protección Civil están trazando distintos escenarios en base a los informes mensuales que envía el Servicio Meteorológico Nacional. En el último se ubicó al mes de junio "como de transición hacia El Niño". Y si bien ese no es el único factor que influye en la meteorología local, destaca Ratner, "la consecuencia en nuestra región es un aumento en los promedios de lluvias mensuales y en la frecuencia de los fenómenos".
Los últimos Niños severos, iniciados en el 97 y en el 2015, tuvieron distintas consecuencias. El primero demandó miles de evacuaciones; durante el segundo hubo intensos trabajos de prevención e intervención en barrios, para que el agua no alcance a las viviendas. Entre esos dos modelos se proyectan los escenarios futuros, considerando que si bien en los últimos diez años se produjeron obras de infraestructura importantes; también cambió la situación social, lo que pone a varias zonas de la ciudad en situación de riesgo.
Rosario tiene una geografía particular marcada por una extensa ribera sobre el Paraná y dos arroyos —Ludueña y el Saladillo— que la atraviesan. Pero, señala Ratner, "la vulnerabilidad en estas zonas no es solo física, sino también social, ya que el crecimiento de asentamientos en zonas bajas o de reservorios y la baja calidad de los materiales de construcción aumentan el riesgo ante fenómenos meteorológicos severos".
Barrio por barrio
En base a esta realidad, y las experiencias de otros Niños, los técnicos de Protección Civil identificaron distintas zonas de la ciudad en función de sus puntos de riesgo. Y, en conjunto con la provincia, ya se están realizando tareas preventivas.
En la zona norte, uno de las zonas críticas es el barrio Nuevo Alberdi, especialmente por el posible desborde de los canales Ibarlucea y Salvat. Un desborde de estos cursos de agua podría generar una gran cantidad de evacuados, como ocurrió en 2007.
En las zonas sur y suroeste, el barrio conocido como El Mangrullo es el único punto vulnerable de la ciudad ante la crecida del río Paraná, incluso sin necesidad de lluvias locales. Cuando el río alcanza niveles de alerta, el agua ingresa por el llamado "brazo seco" del Saladillo, muy próximo a las viviendas. En ese sector de la ciudad también se sigue con atención algunas áreas de Las Flores y San Martín Sur, frente a un escenario de desborde del arroyo Saladillo. El riesgo es alto debido a la presencia de asentamientos precarios ubicados en zonas de reservorios, que son áreas diseñadas para contener el agua.
En el noroeste, Empalme Granero y Los Pumitas son los dos sectores históricamente vulnerables a las crecidas del arroyo Ludueña. Fisherton y Hostal del Sol: Aunque se han realizado obras, se mantienen en el mapa de riesgo por sus antecedentes históricos, como lo ocurrido en 2012.
Al mismo tiempo hay otros sectores propensos a anegamientos por lluvias fuertes, como La Bombacha, Barrio Antena y Barrio Tango, Tío Rolo y Villa Banana, la zona de la autopista a Rosario-Córdoba, específicamente el sector conocido como "El Eucaliptal" y La Cariñosa, ubicado en Avellaneda y Circunvalación. Todos propensos a anegamientos por lluvias fuertes.
El Niño en una estación lluviosa
La llegada del Niño durante la primavera, una estación tradicionalmente lluviosa en la zona, complica más el panorama. "Que nosotros entremos en niño en esta época del año, obviamente hay que monitorearlo y preocuparse, pero es una temporada seca. A partir de septiembre empiezan a aumentar los promedios de lluvia, sobre todo en octubre, noviembre y diciembre, meses con una media en la zona de más de 100 milímetros de lluvia. Tener una anomalía en los promedios de lluvia en meses secos, no tiene tantas consecuencias. Pero cuando cuando sucede en meses lluviosos, te puede generar mayores problemas y fenómenos meteorológicos severos", apunta Ratner.
Esa coincidencia, asegura, "nos lleva a pensar que se pueden dar fenómenos de que se sostengan condiciones meteorológicas adversas varios días y que se generen acumulados de un solo fenómeno muy importantes. Esos problemas también se nos pueden presentar en los operativos desplegados para dar respuesta, porque al hacerse más frecuentes las tormentas, nos pueden encontrar todavía en medio de los trabajos para revertir las consecuencias de la tormenta anterior".
Un Niño sin evacuados
En febrero de 2016, último Niño severo, en Rosario llovió más de doble que el promedio mensual, lo que provocó anegamientos en zonas bajas y crecida de arroyos. Lo mismo sucedió en la cuenca del Paraná, lo que hizo que el río alcanzara en la ciudad los 5,55 metros (25 centímetros por encima del nivel de evacuación). Cifra en la que se mantuvo durante 57 días.
Aún así, destaca el funcionario, el trabajo preventivo realizado ese año permitió atravesar el fenómeno sin tener evacuados. "la idea es replicar ese escenario este año —sostiene—. Por eso estamos trabajando en todos esos años para mejorar los canales para que drene el agua lo más rápido posible".
En el mapa se trazan distintos niveles de inconvenientes: los anegamientos locales que se generan por lluvia, que suceden en asentamientos que crecieron en zonas bajas; y aquellos generados por desborde de arroyos y canales. "Para ese escenario, la tarea preventiva va favorecer que el agua baje más rápido. Pero, de todas formas, tenemos que estar preparados, contar con protocolos, planes de evacuación y centros evacuados, para tener una buena respuesta".
De todas formas, aclara, en todos los barrios considerados vulnerables se están desarrollando obras para reducir el impacto hídrico. "Se trabaja en forma coordinada entre las áreas de Hidráulica y Ambiente y Espacio Público, sobre todo en la limpieza de los canales para favorecer que el agua salga rápido. Y, en coordinación con la provincia se está interviniendo en las márgenes de los arroyos".
Si todo funciona bien, el Niño no será más que una amenaza.