La experiencia es bien conocida para los usuarios de internet: leer los comentarios a las
noticias y columnas incluidas en páginas web nacionales implica el acceso gratuito a un muestrario
de la insolencia, la incultura, la agresividad y el resentimiento de muchos argentinos.
Lo que con tanta frecuencia aparece en ese espacio que los blogs o medios masivos como este
conceden a sus lectores no es el disenso con una opinión firmada ni la crítica hacia determinado
enfoque de la realidad, sino el mero insulto, la lisa y llana falta de respeto y hasta la violencia
más cruda. Todo esto, para colmo, ejercido desde la liviana comodidad del anonimato.
Hay temas donde tan triste tendencia colectiva se acentúa: el fútbol, por ejemplo. Allí el
racismo está a la orden del día.
El terreno de la política no es diferente: cuando las polarizaciones son evidentes, como en
el reciente conflicto entre los ruralistas y el gobierno o en la ríspida cuestión de los derechos
humanos, el diálogo de sordos se evidencia en brutales expresiones de odio hacia la otra parte.
Ni siquiera la literatura, la música o el cine son ajenos a tan penoso hábito. En esos
territorios también se muestran, impúdicas, la ignorancia, la grosería, la soberbia y el ninguneo.
Las razones del fenómeno hunden sus raíces en los sucesivos fracasos de este país para
convertirse en vivible, incluso en democracia. Aunque aquí reaparece triunfante la vieja cuestión
del huevo y la gallina: ¿es el todo el que hace a las partes o son los individuos quienes
determinan al grupo?
La relación es innegable: participamos como individuos de lo que construye el conjunto y al
mismo tiempo resulta difícil, como seres aislados, extraernos de la influencia tantas veces nociva
de la sociedad en la cual nos desarrollamos.
El tránsito, con su dramática secuela de muertes en accidentes evitables, es un ejemplo
nítido del fracaso colectivo sustentado en comportamientos individuales irresponsables, de una
irresponsabilidad tal que linda con el crimen.
Los foros de internet no son espacios creados para el ejercicio de la insolencia impune, la
violencia gratuita y el resentimiento personal: son ámbitos destinados al intercambio respetuoso,
el debate fértil y el aprendizaje mutuo.
La pregunta es inevitable: ¿cuándo nos mereceremos la libertad?




























