El Zonda que se hizo presente en la semana se llevó las ilusiones de Newell’s. Sí, con el viento a favor San Martín derribó la estantería leprosa y prácticamente le cerró las puertas a la pelea por el título. Si bien aún las matemáticas indican que hay ciertas chances, muchas cosas deberían pasar el fin de semana para que la Lepra llegue al cierre del campeonato frente a Lanús con aspiraciones de dar pelea. Anoche, en una floja presentación, dejó sus posibilidades en tierras sanjuaninas.
Todo comenzó torcido. Porque cuando Newell’s salió del vestuario ya estaba perdiendo. Sí, porque apenas habían pasado algo más de sesenta segundos cuando el verdinegro ya había golpeado el corazón leproso donde más le duele: por la vía aérea. Dos cabezazos en el área fueron letales y García, el de la guía, fue el que indicó el camino de la victoria.
Todo era verdinegro, que jugó con la soga al cuello apremiado por el fantasma del descenso. Necesitaba y debía ganar para respirar, por eso en el arranque los jugadores volaron buscando el arco de Peratta. Y antes de la media hora sacó dos de ventaja cuando Caprari se le anticipó a todos (incluido Peratta) y sacudió la red leprosa.
El Zonda del miércoles, que generó varios incendios y preocupación por estos lares, pareció detenerse cuando los jugadores sanjuaninos se durmieron a la salida de un tiro libre y Pérez achicó la diferencia.
La Lepra pareció reaccionar. Fue por más y otra vez el volante sacudió la red, pero Pompei lo anuló a instancias del línea que no se supo si sancionó la primera acción o segunda (más que dudosa, ver página 4).
El equipo del Tata debía quemar las naves, porque San Martín había bajado las persianas en el segundo tiempo cuidando un resultado tremendo para sus aspiraciones de permanencia en primera. Pero una cosa es querer y otra poder. Newell’s no pudo. Es cierto que Pompei se comió un penal clarito de Mattía a Muñoz que podría haber cambiado la historia del juego. También es verdad que no sólo cayó por algunos desaciertos del juez, sino por impericia propia. Porque el equipo no fue tal, no hubo un rendimiento colectivo y tampoco se generaron situaciones de gol.
Fue una derrota de las que duelen, porque las esperanzas de pelear por la gloria se las llevó el viento. Por eso la desazón del final, tanto de la multitud de hinchas que llegaron a estas tierras como las de los jugadores. Ñuls quedó de la cabeza, por los goles y por la casi despedida del título. Si se observa la mitad del vaso vacío la sensación leprosa es amarga. Al mirar la otra, la llena, la misión está cumplida con una gran campaña y un objetivo alcanzado.