Ultimamente escucho músicos muy buenos en los colectivos. Hace unos días escuché un dúo, integrado por un muchacho que cantaba acompañándose por una guitarra y un saxofonista. Alucinante. Hoy escuché una chica que se acompañaba con un charango, tocando un chamamé de su autoría, que cantó con una voz maravillosa. El problema es que estos músicos colectiveros, y otros -acaso no tan buenos, pero que igualmente se ganan honradamente unos pesos brindando su arte musical a los pasajeros del transporte público- dependen, para tocar, de la mala o buena predisposición de los choferes, quienes deciden a su arbitrio si los dejan subir o no a los colectivos. Es notable, al respecto, la disparidad de criterios de los choferes. Los hay censores, custodios absurdos de los coches que manejan, que niegan la posibilidad de que los músicos callejeros suban a los colectivos. Quién sabe por qué razones lo harán. Pero no sería descabellado imaginar que un excesivo sentido de lealtad laboral -que de hecho se confunde fácilmente con una sumisión hacia el patrón- los lleva a prohibir que esos músicos toquen, pensando que están resguardando un patrimonio que no es suyo. O también que lo hagan por un exceso de temor ante posibles represalias que sufrirían por permitir sus actuaciones. Por otra parte, están los choferes a los que podríamos llamar solidarios o "piolas", que permiten que esos músicos ofrezcan su música al pasaje. Cuando ello ocurre, podemos encontrarnos con un mini-show de escaso valor, o con una entrega altamente valiosa como las que consigno más arriba. No es ése el punto, sino el hecho de que, sean mejores o peores los números ofrecidos, los músicos colectiveros le ponen un atractivo al viaje que resulta absolutamente gratuito para las empresas de transporte, de modo que también lo usufructuan sin dar nada a cambio. Eso me hizo pensar que es absolutamente injusto que estos artistas ambulantes tengan que mendigar a los choferes el permiso para tocar, quedando siempre librados a la suerte de su humor o su opinión al respecto. Y se me ocurrió pensar si no podrían contar con una especie de credencial municipal, que los habilitara para tocar en los colectivos, sin tener que pedir permiso a los choferes. No sería algo tan difícíl de lograr, me parece. Creo que los músicos ambulantes que tocan en la peatonal tienen permiso para hacerlo. Bueno, si ellos tienen permiso, por qué no podrían tenerlo también estos otros. Así que, además de proponer públicamente la idea, se la mando a los concejales en funciones que puedan motorizarla, como Fernanda Gigliani, Norma López, Roberto Sukerman o Jorge Boasso. Y también a los futuros concejales que asumirán prontamente, como el Edu Toniolli. A ver si alguno se ocupa de un asunto de fácil resolución, que de ser contemplado beneficiaría a los músicos, al público y a las mismas empresas de transporte.



































