La institución donde trabajo y soy titular está abonada a Telefónica (omito más datos de identificación de la misma por obvias razones), lo cual desde hace meses se ha convertido en una burla y en un número prácticamente nominal. En el mes de diciembre, no tuvimos servicio durante una semana; en el mes de febrero, durante cuatro semanas y en el presente mes el teléfono no funcionó por dos semanas, con el adicional de que el viernes 22, por la tarde, llegaron dos técnicos que aparentemente repusieron el servicio, pero en la mañana del sábado el teléfono ya no funcionaba más. Todo lo que no escribo por una cuestión de espacio y de buen gusto, cada lector, si es usuario de algún servicio esencial, podrá imaginárselo. Las causas aludidas pueden ser desde las más falsas: "Al máximo en 72 horas el servicio estará repuesto", a las más asombrosas: "En este lugar se construyen muchos edificios y eso impide un buen funcionamiento de la antena". Y digo asombrosa porque desde que fue instalada la línea telefónica las construcciones no han sido tantas y por otro lado no es excusa válida; en ese caso se debería poner otra antena. No podemos vender ni cobrar por lo que no se da al comprador o cliente, eso es básico y las empresas de servicio lo saben. Como también saben que en las facturaciones tienen que practicarse los descuentos proporcionales por el servicio no prestado y en mi caso particular, nunca se hicieron. Una vergüenza.




































