El día 15 de mayo me tocó vivir el momento más duro que le puede tocar pasar a un ser humano, que es la muerte de un padre. Por más que siempre te digan que es ley de vida que los padres se vayan antes, creo que nadie está preparado para eso. Mi papá estuvo internado durante tres semanas en el Sanatorio Americano. Esta carta es para agradecer en primer lugar a la doctora que estaba de guardia ese día, la doctora Lucía Sandalo. No solamente por haber cumplido con su rol profesional sino por su calidez humana. En el momento en que mi papá falleció yo estaba sola en el sanatorio y a pesar de que no es función de los médicos contener a un familiar, ella lo hizo conmigo y eso es algo que no se olvida. No sólo se quedó conmigo en ese difícil momento sino que tuvo palabras por demás de agradables para conmigo. Eternamente agradecida. También quiero agradecerle a la enfermera Sandra. Lamentablemente en ese momento no pude preguntar su apellido pero sé que se llama así. Fue ella quien llamó a la médica cuando yo la necesité. Porque así como agradezco la calidez humana de los profesionales también tengo que expresar mi indignación con el administrativo que estaba ese día en el segundo piso y que cuando fui a pedir con urgencia una médica porque mi papá se estaba muriendo me contestó que para eso estaban las enfermeras. Entiendo que ellos estén acostumbrados a tratar con la vida y la muerte cada día. Pero la verdad es que como no olvido a esa médica y a esa enfermera creo que tampoco olvidaré a esa persona que cuando mi padre estaba dejando este mundo tuvo una respuesta que si hubiese estado yo en otra situación realmente hubiese dejado por escrito mi queja para el gerente de Recursos Humanos de dicha institución. Supongo que no será de su agrado el trabajo que realiza y por eso trata a la gente como si fuesen cosas. Si no hubiese sido por Sandra, todavía estaría esperando a la médica. Y por último y no menos importante agradecer a la señora que tenía a su marido internado y que también me consoló y a quien por desgracia olvidé de preguntarle su nombre. Supongo sabrá entender que en ese momento apenas si podía mantenerme en pie. Gracias y eternas gracias a esas mujeres. Y a ese administrativo (del cual tampoco sé el nombre por desgracia), ojalá jamás le toque pasar por una situación semejante y alguien del otro lado le conteste con semejante frialdad y desubicación.




































