Hasta hace un año el presidente seguro era Sergio Massa. Con la muerte de Alberto Nisman esa seguridad se transfirió a Mauricio Macri, al que ya se imaginaba en el sillón de Rivadavia. Después de cierto repunte en la consideración en la gestión del gobierno hacia abril de este año, Daniel Scioli sonríe sin parar por estos días. Y eso, sin considerar que Florencio Randazzo puntea los guiños que Cristina le hace en cuestiones administrativas o simbólicas para que se sienta el “elegido”. “La política argentina es tan disparatadamente lábil que de aquí a octubre el candidato a vencedor puede ser Hijitus”, dice un ex secretario de Estado que desde 1983 participó en la cocina y armado del Partido Justicialista. “No ganó ninguno hasta ahora”, agrega. “La que viene con ventajas es la jefa, que a seis meses de dejar Olivos sigue sin licuar su poder de decisión”, concluye el mismo hombre riéndose.
































