En referencia a la distinción otorgada en los últimos días por el Concejo Municipal a un miembro médico directivo de una entidad de medicina prepaga de la ciudad de Rosario, resulta conveniente hacerse algunas preguntas: ¿Qué concepción tenemos como sociedad acerca de la medicina y el sistema de salud? ¿Se trata de un servicio a la comunidad o una actividad profesional con fines de lucro económico? ¿Cuál es el compromiso social frente a la comunidad de los profesionales formados en la universidad pública? ¿Se ocupa la universidad de propugnar un modelo de formación humanista e integral de los profesionales? ¿Se ha convertido la medicina en un privilegio exclusivo de aquellos que pueden abonar el precio con el que se valoriza a la salud y por consecuencia a la vida? ¿Podemos dar cuentas porque en las últimas décadas la medicina prepaga ha desplazado a las obras sociales? ¿Será entonces que los valores del mercado rigen en cada esfera de la vida? Por último: ¿De qué manera responden las entidades de medicina prepaga a los jubilados, cuando nuestros padres y abuelos demandan una atención de calidad? Un médico rural y educador sostenía: "Solamente se llegará a gozar de lo realizado cuando en su alma sienta, preferentemente en los silencios necesarios para la reflexión, que el único premio verdadero es el que proviene del placer espiritual, limpio y sereno del deber cumplido".



































