"Los roles están trastocados desde el principio: la hija deja de ser su hija y se transforma en la amante del marido", opinó ayer la psicóloga rosarina María Cristina Granero, especialista en educación sexual y sexología, en diálogo con La Capital, sobre el sonado caso del abusador de Mendoza que violó a su hija durante 20 años y tuvo siete hijos con ella.
—La actual pareja del abusador acusó a su hija y dijo que "ella lo buscaba".
—Esa actitud de la madre de la chica es típica en este tipo de situaciones. Son relaciones de amor y de odio y, además, seguramente son relaciones muy competitivas.
—No sólo lo defiende sino que trabaja como oficial de Justicia y lo mantiene.
—El estrés de no trabajar estaría canalizado a través de la sexualidad.
—¿Por qué una mujer tolera 20 años esta situación?
—Es otra conducta habitual en estos casos, en los que la mujer acepta que su pareja haga cualquier cosa con tal de que se quede con ella, aún sin tener relaciones sexuales con él.
—¿Qué rol desempeña la mujer del abusador?
—Es bastante común que las mujeres sean unas abusadoras pasivas. Les permiten cualquier cosa con tal de no perder a su pareja.
—¿Qué pasa por la cabeza del abusador?
—Nosotros pensamos en relaciones sexuales adultas, pero evidentemente aquí hay casos de paidofilia. A este hombre lo denunciaron porque es muy probable que haya querido tener relaciones con sus nietas, en un típico caso de abuso sexual incestuoso.
—¿Cómo pudieron ocultar la relación durante 20 años?
—Porque en la familia había un pacto de silencio y de esa manera no se sabía. Hay un pacto tácito. Y los chicos, que se crían con esas pautas culturales, están en una situación de indefensión como para denunciarlo.