Ante el aumento de los robos y arrebatos la policía montada ha vuelto al parque Urquiza. Bienvenida, pero además, y como una forma de colaboración para solucionar la falta de seguridad en estos espacios, se podría recrear la figura del guardián de plaza. Deberían tener un celular para fotografiar a los infractores de ordenanzas municipales y un handy para comunicarse con la policía si detectan casos de vandalismo, robos o situaciones de inseguridad. Para que la gente los reconozca podrían vestir uniforme, gorra y silbato, imagen y sonido inolvidables para quienes ya hemos deshojado muchos almanaques. Su tarea podría ser diurna, por ejemplo de 8 a 22, por turnos, y también fines de semana y feriados. Durante la noche la vigilancia seguiría en manos de la policía. Para estas funciones podría capacitarse rápidamente a jubilados con magros haberes o bien proporcionar trabajo a desocupados. Preferentemente deberían vivir cerca de la plaza o parque, es decir, ser conocedores del lugar. Según la extensión del mismo será el número de guardianes a destacar. A los espacios verdes hay que cuidarlos entre todos. El gobierno municipal invirtiendo en su arreglo y mantenimiento. Los ciudadanos colaborando con el respeto a las ordenanzas municipales. Y el guardián (o placero) funcionaría como referente entre ambas partes: un custodio de los espacios públicos y alguien al que puedan recurrir los vecinos que los utilizan.
































