Como joven argentina y católica me veo obligada a escribir acerca del cardenal Bergolgio -me cuesta acostumbrarme a dejar de llamarlo así-, el ahora Papa Francisco, el hombre que en tan pocos días ha conquistado al mundo. Alegría, esperanza, humildad y sencillez es lo que me ha transmitido nuestro querido Papa desde que ha sido electo como Sumo Pontífice. Un hombre que ha sorprendido al mundo entero con sus pequeños actos, desde pagar la cuenta del hotel donde se encontraba alojado durante el cónclave, hasta viajar con sus “hermanos” cardenales -como él los llama- en el colectivo ya siendo Papa. Pequeños actos, pero que dejan un gran ejemplo de su sencillez como persona. Un hombre, que con su sentido del humor y sus gestos “tan argentinos”, me tiene fascinada. Un hombre que con su paz y tranquilidad me tiene enamorada. Enamorada de una Iglesia que se encuentra viva y se mantiene de pie a pesar de todo. Francisco, tan humano con su simpleza, ha renovado la fe en el corazón de los que estaban perdidos. Simplemente, gracias. Gracias por tu inmenso amor a la Iglesia y por haber dicho sí a la misión cristiana de Dios en la Tierra. Es motivo para festejar porque la Iglesia tiene Papa. Pero la alegría ha cobrado mayor fuerza, porque es de nuestra tierra. Creo que es el Papa que la Iglesia está necesitando en este momento y por eso podemos confiar en que se avecinan grandes cambios. Las esperanzas están más vivas que nunca.




































