María Julia Alzogaray fue más eficiente vendiendo Entel y Somisa (algunos dicen regalando), que saneando el Riachuelo en exactamente mil días, hecho que prometió cuando fue secretaria de Medio Ambiente en el gobierno de Carlos Menem. Muchos creímos con infantil inocencia que luego de dos años y 270 días, ese curso de agua quedaría tan cristalino como la orilla sureste de la legendaria laguna Iberá, que le regala su eterno rumor a la correntina Colonia Carlos Pellegrini. Pero la famosa funcionaria, hija del no menos famoso ingeniero que nos enseñó a "pasar el invierno", incumplió su promesa y el Riachuelo siguió volcando sus sucias aguas en el caudal del Río de la Plata. La frase "voy a limpiar el Riachuelo en mil días", se sumó a otras dos frases célebres acuñadas por el presidente riojano: "Si decía la verdad no me votaban", y "dentro de poco vamos a llegar a Japón en una hora". Sanear la complicada cuenca Matanza-Riachuelo es una obra gigantesca que requiere mucho más que promesas enmarcadas en frases rimbombantes. Debe encararse el procesamiento de efluentes industriales; la provisión de agua potable; la construcción de cloacas y plantas de tratamiento; además de la creación de entes de control incorruptibles. Ahora hay una nueva versión de la decisión de limpiar la cuenca. El Banco Mundial otorgará un importante crédito para tan específico fin, y existe un aporte ya definido por el gobierno de la presidenta Cristina Kirchner. Además de los desacuerdos políticos entre la Nación, la provincia y la ciudad de Buenos Aires, otros intentos fracasaron no por falta de fondos sino por la malversación de los mismos. Por eso ambientalistas y organizaciones sociales desconfían del nuevo proceso de saneamiento, temiendo que una vez más el dinero sea derivado a consultoras y planes csociales. Pero como este nuevo proyecto estará supervisado por la Suprema Corte de Justicia, hay cierta confianza en la transparencia que distinguirá al difícil operativo. La sociedad argentina, el Río de la Plata y los numerosos vecinos de la zona afectada, esperan que por fin, como dijo María Julia, se pueda nadar en el Riachuelo. Esperemos que las promesas y las frases rutilantes, dejen paso a la más concreta realización; la cuenca más contaminada del país la reclama imperiosamente.



































