El pasado viernes 27 de febrero, después de varios llamados telefónicos a la Parroquia Natividad del Señor y sin respuesta, me pedí el día en mi trabajo y el auto a un amigo, ya que soy de la provincia de Buenos Aires, y partí hacia Rosario. Llegamos junto a mi padre a las 13 y esperamos hasta las 17. Me dirijo a informes y una señorita muy amorosa me explicó que ese día el Padre sólo atendía a las personas que el fin de semana habían retirado números, pero que si quería y debido a la gravedad de mi padre, podía esperar, que al final de todo el Padre determinaría si podía atenderlo. Me volví al estacionamiento y me puse a conversar con un señor. Le dije si le pasaba lo mismo que a mí y me respondió no, que esperaba a la secretaría del Padre, Alejandra porque lo mandaba un gran empresario de Rosario. Llegó esa señorita y el señor entró; le pido a ésta si podía conversar un minutito con ella y de muy mala manera me dice que me dirija donde ya había consultado. En ese momento quería ser amigo de ese empresario, me maldije por muchas cosas y ya con una persona muy enferma me volví tipo 21: mi padre ya no daba más y el otro señor ya se había retirado con la sanación. El martes 2 de marzo mi padre falleció; él me había pedido ir a ver al Padre Ignacio. Sé que Dios está en todas partes, pero ese era el deseo de él.
































