Vivimos en un campo de concentración, todos rodeados de rejas y alambres de púas. Nunca pensé que esta sociedad terminaría viviendo de esta forma. Afuera nos cuidan para que no recuperemos nuestra libertad, los que por acción u omisión nos sumieron en este campo de concentración. Los que por acción nos llenaron de miedo, de sumisión y de precaución desesperante. Asaltándonos, robándonos, matando a nuestros padres, hijos, amigos y conocidos, o sea a toda la sociedad sin miramiento. Es una acción desenfrenada, que los que pueden no la contienen. O tienen un poder mayor que nosotros, o nosotros nos dejamos robar, matar, violar, con la esperanza de que le esté pasando al otro y no a mí o a mi familia. ¡Qué locura, no! Es una ola que crece cada día más y aumenta, caldo de cultivo en la misma sociedad. Sociedad apacible, cómoda. Los que tienen recursos se pagan protección y miran hacia un costado, los cómodos no hacemos nada o muy poco, ninguna de las dos cosas alcanzan para transformar esta situación, hace falta vocación de servicio, contención y prevención. Los otros que nos cuidan, que son los que más necesitan tenernos en el campo de concentración para poder manejar nuestra voluntad, son los que por omisión no transforman esta asesina realidad. Enumerarlos uno por uno sería incansable porque son parte de nuestra historia, han estado en el poder político y económico por años, y por desidia, incapacidad o avaricia nos han cercado en este campo de concentración. La mayoría de los políticos no han dejado nunca su comodidad en bien de la población, son los privilegiados, buenos sueldos, mucho tiempo libre y por lo general son los más incapaces y corruptos de la sociedad. Los que tienen el poder económico han manejado a casi todos los políticos y al país al compás de su bolsillo, sin importarle para nada la clase trabajadora. Pero sigo pensando que la culpa es nuestra, si alguien quiere saltar el alambre para enfrentar a cualquiera de los dos, no lo acompañamos. Creo que es hora de decir basta, basta de que por unos pocos estemos todos mal. Quiero para mis jóvenes argentinos un país donde cada uno sea dueño de su propia historia, con igualdad de oportunidades, con trabajos dignos bien pagos, con abuelos felices sin caras tristes, sin familias destrozadas por problemas económicos. Sí, un país de gente feliz, queriendo al prójimo y respetando a sus autoridades. Orgullosos unos de los otros. Creo que la forma de salir de todo esto es a través de la participación, seamos la pequeña arena en el ojo del que tiene el poder político para transformar esta situación. Unos nos roban armados y nos exigen que levantemos las manos, los otros nos roban levantando la mano para votar aumentos desmedidos de impuestos y servicios, pero en definitiva son los mismos. Por favor rompamos las cadenas, sólo quiero para todos Libertad, libertad, libertad.































