Sorpresa. Eso me causó la respuesta de un atento empleado del Museo de la Ciudad cuando me dijo. "Y no, acá no hay baños para el público". Un museo municipal sin baños. En ese momento gente de Misiones visitaba el lugar que alberga no sólo interesantes muestras sino una biblioteca y un archivo documental importantísimo para la ciudad. "Si quiere le prestamos el nuestro", agregó y me acompañó a un baño en la trastienda del museo que, se notaba, usaban los empleados. ¿Raro, no? Pero hay más. Será que se me ocurre ir a los baños en los lugares públicos, no sé, pensando en que la equivocada soy yo (bromas aparte... Maitena se haría una panzada con las manías de la mujeres). Algo similar ocurrió otro día en el bar ubicado en la antigua estación ferroviaria del parque Urquiza. Sí, un bar sin baño para sus clientes. Sí, un bar concesionado y habilitado en un espacio público. "Puede usar el del Centro Audiovisual Rosario (CAR), que está a unos metros de aquí". Pero esta vez fue peor. No estaba sola, una persona mayor me acompañaba. Tras caminar esos "metros" y mientras dejamos nuestra merienda sobre la mesa del bar, ingresamos al hall del CAR, donde el personal de seguridad nos preguntó qué queríamos. "Ir al baño", respondí. Sin demasiada amabilidad nos indicó que camináramos unos "metros" más y llegaríamos. "Pero está ocupado", advirtió. Tal cual, esperamos para luego ingresar al único baño habilitado para ese organismo municipal donde también se exponen muestras y que a la vez se "presta" al bar. ¿Raro, no?



































