Hace unos días partió hacia la casa del Buen Dios el Padre Bruno Ierullo, del Sagrado Corazón. El cura del colegio, el cura del encuentro. Porque cada acción que planificaba y llevaba adelante, la hacía con la intención de que la gente se encontrara. Desde la creación de la Casa del Niño en la zona carenciada de Adrogué (Bs. As.) en los años 70, dando contención, alimento y salud a los pequeños humildes del barrio, movilizando a toda la comunidad en una obra que perdura hasta hoy. Aquí en Rosario, en su primera etapa como rector desde 1978, haciendo encontrar a los jóvenes, abriendo el colegio para ellos, reuniéndolos los sábados por la tarde antes de la misa, invitando también a las alumnas del Madre Cabrini formando grupos, en los que con el tiempo fue formando y bendiciendo nuevas familias. Liderando, después en los ‘80 y con los demás rectores y movimientos arquidiocesanos, la participación de la Iglesia en el Congreso Pedagógico Nacional, cuando la educación religiosa estaba en jaque, llegando a ser representante de nuestra provincia para la redacción de la ley Federal. Construyendo, desde casi cero, la Casa en Santa Rosa de Calamuchita, con la participación y el aporte de todos, desde el primer ladrillo y el primer acceso para que alumnos, docentes y las familias tengan, año tras año, un lugar de encuentro con la naturaleza y su Creador. Trabajando con la Unión de Padres y las delegadas de cada curso para coordinar las acciones de encuentro y celebración con las familias, junto al Ecce Vennio, el Grupo de Teatro de padres y abuelos, los coros, y siempre orgulloso de su Asociación de Ex alumnos. Llevando cantidades de contingentes a misionar a los lugares más remotos y olvidados de Catamarca y Santiago del Estero, a parajes donde falta hasta el agua, pero donde sobra vida que irradian a los que van a visitarlos con la presencia y la palabra. Creando y sosteniendo el grupo Papuchos, para que los padres tengan un lugar en el colegio para encontrarse, compartir y derramar solidaridad para lo que el Sagrado necesite. Organizando, ya como superior provincial de su congregación a fines de los ‘90, toda una estrategia con padres, docentes y ex alumnos para que el Colegio San José de Buenos Aires se salve de ser reemplazado por un shopping, venciendo así la crisis que lo azotaba. Y todo a través del encuentro de la gente. Como los innumerables viajes, campamentos y excursiones en Bariloche y en Córdoba, en la cordillera y en las sierras, con su clásico "adelante, siempre adelante", como el de San Miguel. Visitando a los enfermos, llevando alimentos a la gente en situación de calle, reuniéndolos y preparándoles la mesa en cada Navidad en el patio cubierto del colegio, gracias a la generosidad de toda la comunidad, que nuevamente se encuentra para compartir la alegría de Belén. Hasta siempre Padre Bruno. Como te describen tus alumnos en Twitter: un cabeza dura con un corazón enorme, siempre al servicio de los más débiles, fuerte y tierno, carismático y generoso, sacerdote y compinche. Nos dejás una vida para imitar, una huella para seguir y una estrella que seguramente nos guiará para cumplir con el desafío de continuar tu obra.




































