No es tarea fácil definir el concepto de la palabra poder. Son múltiples las acepciones y aplicaciones del término citado. El significado más conocido es aquél referido a la capacidad de producir cambios, imponer ideas, potenciar situaciones, entre otros. En política, cuando se habla de poderes fácticos se alude a corporaciones que ejercen un importante poder dentro del Estado que es aceptado, por la sociedad civil, de una manera resignada. En Argentina nadie puede negar la influencia de los sindicatos, la Iglesia (cúpula eclesial), cámaras empresarias y medios de comunicación, que defienden intereses propios. Entonces, ¿donde reside el denominado poder ciudadano? En el hecho de la participación activa de la persona de a pie en los diferentes ámbitos del quehacer cotidiano y en el lugar donde desarrolla sus actividades: la vecinal, el club, los centros comunitarios, las diversas ONG, las audiencias públicas convocadas por el Estado nacional, provincial o municipal. La democracia participativa no se agota con el sufragio emitido durante las elecciones. Las grandes gestas no fueron llevadas a cabo por las corporaciones citadas; se produjeron por el empuje de la ciudadanía ávida de cambios sustanciales. Desde mayo de 1810 la Plaza de mayo fue el escenario en donde se produjeron los grandes cambios sociales y políticos del país. Nadie niega la función fundamental, como herramientas insustituibles de la democracia, de los partidos políticos. Pero, lamentablemente, cuando se convierten en estructuras cerradas que no permiten el ascenso de nuevas figuras políticas actúan como corporaciones que sólo reaseguran los cargos electivos para unos pocos elegidos. La marcha del 18 de febrero, se podrá estar de acuerdo o disentir con la misma, fue una cabal muestra de participación ciudadana en paz, sin agresiones u ofensas (las pocas que pudieran haber habido son insignificantes) y en demanda de la clara vigencia de las instituciones de la democracia, la independencia de los tres poderes del Estado y el llamado a la mesura en detrimento de la crispación y la confrontación, además de un justo homenaje a un fiscal de la Nación que, en las vísperas de una denuncia que involucraba a la presidente de la Nación, fue encontrado muerto en su departamento en circunstancias catalogadas como dudosas. Empoderar a la ciudadanía, es reasegurar la plena vigencia de la democracia y sus instituciones que, en la opinión de quién escribe, es una de las vías más importantes para el desarrollo político, social y económico de nuestra Nación.




































