YouTube se lleva una buena
parte de mi vida. A veces resulta una maldición encontrar un video interesante y, allí nomás, en
los relacionados, otro increíble, y luego uno adorable, y otro hilarante... No será la primera vez
que me sorprende la claridad de la mañana luego de una madrugada completa sin poder quitar la vista
del monitor. Pero una noche de la semana pasada descubrí algo, cuanto menos, llamativo.
Desde YouTube aseguran que los usuarios suben al sitio ocho horas de video cada
sesenta segundos. Esto debería garantizar una variedad increíble. Pero aquella noche encontré
cientos y cientos de videos que repetían el mismo esquema.
Tres adolescentes hablan a cámara. Dicen que estuvieron buscando
ese video por un buen tiempo y que finalmente allí lo tienen, están a punto de verlo. No
se ve el monitor, sólo sus caras. "Tengo miedo", dice una chica hasta que, entre risas nerviosas de
ocasión, se escucha una musica suave de piano. Después, muecas de desagrado. Gritos, corridas,
vuelven a mirar la pantalla de la computadora. "Oh my god!", se tapan la boca, "what the fuck?!",
miran para otro lado, gritan de nuevo.
El video que estaban mirando es, por estos días, el más famoso de internet. Se
llama "2girls1cup" y es realmente desagradable. Se trata, efectivamente, de dos muchachas muy
desinhibidas que interactúan con una copa de la manera más repugnante que se pueda imaginar. El
diccionario dice que esto es coprofagia, término que (para decirlo de manera
elegante) alude al acto de comer excremento. La moda en internet es ver este video hasta
el final (o al menos todo lo que el estómago pueda aguantar) mientras se filma lo que
inevitablemente ocurre: gritos, insultos, risotadas, muecas, más aullidos, las manos tapando la
boca. Solamente en YouTube ya hay más de
20 mil videos de
reacciones a "2girls1cup", el más visto tiene 11 millones de visitas. Aunque el furor empieza a
apagarse (ya van cinco meses sin interrupciones desde que el primero decidió llevar a la web sus
muecas de repulsión), en la última semana se subieron casi 200 videos de este tipo, apenas con
algunas diferencias, todos igual de divertidos.
No son pocos los que salen disparados de enfrente de la cámara para terminar
vomitando en el baño. "It's fake", "I can't believe!", "nunca vi algo asi", "¿esto es en serio?",
"¡ay, qué asco!", se escuchan insultos en francés, inglés, italiano, mexicano, portugués y también
el típico "¡boludo!" argentino. Por supuesto, el conductor de What the Buck (el
show más popular de YouTube) también se anima... a ver doce segundos del video. También
hay parodias, como tipos con peluca comiendo helado (luego de ver el video original hasta esto
resulta asqueroso) o la reaccion de La Rana René, un video que ya fue visto 2,5 millones de
veces.
El director de "2girls1cup" es un paulista llamado Marco Fiorito, que se define
como un artista fetichista compulsivo. Primero hacía cortos eróticos, pero terminó grabando videos
de coprofagia. Fiorito argumenta que esto no es ilegal en Brasil, pero parece que en Estados Unidos
no piensan igual: el abogado Danilo Croce tuvo que pagar una fianza de 98.000 dólares, pese a que
el director aseveró que esa persona nada tenía que ver con su producción fílmica. Fiorito también
dijo que si sabía que algo así iba a pasar "hubiera parado, porque no es el dinero el motivo por el
que hago estas películas". Dice que es arte.
Doy fe de que es más divertido ver las reacciones que el original, pero casi
nadie puede evitar la tentación. Una pista: "2girls1cup" no está en YouTube o, al menos,
encontrarlo entre 20 mil videos (casi todos llevan el mismo nombre del original) no parece una
tarea humanamente posible. Hay que ir entonces a Google, aunque con la precaución de no pescar
algún virus: muchos aprovecharon la moda para infectar las computadoras de los más incautos.
Bueno, ¿alguien se anima? Claro, el chiste está en filmarse. Yo ya hice el
experimento con algunos de mis conocidos y colgué mi propio video en YouTube, que parece ser el
primero de Rosario. Por si alguien no lo entendió: es tan hilarante como desgradable. Pero la
curiosidad es más fuerte, ¿no?