Un error de arranque pagado con un gol y de ahí en partido a contramano, que siempre le quedó lejos. Central intentó ser competitivo, pero fracasó en el intento, por eso Estudiantes en todo momento le marcó las coordenadas en una tarde compleja para este Canalla que hizo méritos para perderlo (0-3), que lo perdió en definitiva y que se despidió de la Copa Argentina.
Un arranque a contramano. El peor de todos. Un primer gran error colectivo provocó un descalabro en el equipo y lo pagó caro. Apenas 3 minutos iban cuando Ovando salió a pelearla en tres cuartos de cancha y en la contra Ávila tuvo que salir a cortar contra la línea. Tiago Palacios le ganó, centro y Carrillo entró solito. Cabezazo y gol. Así, en un abrir y cerrar de ojos, el Canalla tuvo que empezar a remarla en dulce de leche.
Y lo peor fue que rápidamente demostró que le costaría. Di María debía armar por el medio, pero se volcaba demasiado sobre la derecha. Ni a Pol Fernández ni a Pizarro les daba para romper por el centro. Estudiantes hacía todo más prolijo.
Estudiantes siempre estuvo al acecho
Recién a los 9’ llegó esa diagonal de derecha hacia el centro de Di María, pero el sablazo que sacó rebotó en un rival y se fue al córner. Fue el único peligro que arrimó Central en el arco pincha. Mientras, Estudiantes insinuaba más amenazas con un par de remates importantes. Central era menos y su desconcierto lo puso otra vez sobre las cuerdas.
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Minuto 23, pelotazo frontal a espaldas de Coronel, ninguno de los centrales llegó a cortar y llegó el penal del propio lateral sobre Tobio Burgos. Tiago Palacios no perdonó. El dulce de leche ya era repostero.
La cosa casi pudo terminarse en ese tiro libre de Tobio Burgos que dio en el techo del arco o en esa pelota que perdió Di María que generó una contra de tres contra dos (Tiago Palacios la tiró afuera). ¿Central? Una aceleración con Veliz (Iacovich se la tapó). No mucho más. Otro centro de Sández que Veliz no alcanzó a conectar e Iacovich tapó como pudo, en la previa de un atajadón de Ledesma sobre Tiago Palacios. Y en el ida y vuelta de tranquilidad de un lado y de nerviosismo del otro un final del primer tiempo esperado. Necesario.
Almirón trató de cambiar todo
Tres variantes de Almirón. Adentro Cantizano, Soto y Julián Fernández para cambiarle la cara a un equipo que ya al minuto Carrillo casi sufre el golpe de nocaut (cabezazo del 9 en el travesaño). Ni aun con un mayor manejo del balón la cosa mejoró. Es más, empeoró.
Porque el retraso de Estudiantes puso más en evidencia las limitaciones de Central. La pimienta de Cantizano por izquierda estaba, pero no era suficiente. Julián Fernández insinuaba más de lo que desnivelaba y Di María conducía desde muy atrás. Iacovich se la tapó primero a Cantizano y después a Fideo, pero en ambos casos en remates desde fuera del área para la foto.
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Pero a esa altura ya todo parecía cosa juzgada. Porque Estudiantes regulaba a su antojo, mientras Central se debatía entre los nervios, la intrascendencia y la impotencia.
Tarjetas que reflejaron la impotencia de Central
¿Impotencia? La patada desde atrás de Di María en la que se ganó la amarilla fue el fiel reflejo de que Central no estaba jugando el partido sino que lo estaba sufriendo. Pero había más.
Unos minutos más tarde llegó la segunda amonestación para Ibarra y con ello un telón que se bajó como un pedazo de plomo sobre la cabeza del Canalla. Ya no tenía razón de ser. Si con once le era imposible, con uno menos, la utopía misma.
Para lo único que hubo tiempo fue para el tercero de Estudiantes. Fue el gol que, aunque no parezca, le metió una cucharada enorme de sal en la herida. Así se despidió Central, casi sin pelearla y con plantel disculpándose frente a los hinchas tras el pitazo final.