Las transferencias no automáticas del gobierno nacional al sector público santafesino alcanzaron los $21.769 millones entre enero y mediados de mayo de este año. El dato, que surge del segundo informe del Observatorio de la Coyuntura Santafesina elaborado por la Fundación de Estudios Políticos y Estratégicos (Funepe), resulta alarmante al compararlo con 2023: en moneda constante, el monto es 24 veces menor que el de aquel año, cuando las transferencias totales rondaron los $530.000 millones. La brecha se profundiza hasta 155 veces si se incorporan las partidas destinadas a gastos de capital.
El trabajo, dirigido por el contador Andrés Méndez y coordinado por el licenciado Cristian Modolo, advierte que la "retirada" del Estado nacional es casi total en materia de inversión en infraestructura: el 96% de los escasos recursos recibidos se destina a gastos corrientes —comedores escolares y jornada extendida, principalmente—, mientras que apenas el 4% restante queda disponible para obras. En 2023, en cambio, un cuarto de los fondos transferidos se orientaba al financiamiento de inversiones. El documento estima que, al cierre del ejercicio 2026, la provincia habrá recibido como máximo el 10% de lo que recibió en aquel año.
Una economía a dos velocidades
En el plano productivo, el informe describe una economía santafesina que avanza, pero de manera desigual. El Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) registró un crecimiento del 2,3% en el primer bimestre de 2026, una cifra que palidece frente al 6,2% anotado en igual período de 2025 —cuando la expansión casi triplicaba el ritmo actual— y que deja en evidencia el bajo dinamismo con el que arrancó el año.
El motor de ese crecimiento es, casi en exclusiva, el agro: el sector agrícola-ganadero avanzó un 39,2% interanual, impulsado por una excelente campaña 2025/26. En el mismo sentido, la construcción mostró un repunte del 23,7% y la intermediación financiera creció un 6,6%. Sin embargo, el propio informe advierte que sin el aporte del sector primario, la economía santafesina hubiera registrado un primer bimestre declinante.
El contraste con los sectores urbanos es marcado. De los 15 rubros relevados, 10 atraviesan una situación comprendida entre el estancamiento y la caída. El comercio retrocedió un 1,7%, el transporte y las comunicaciones cayeron un 6%, las actividades inmobiliarias se desplomaron un 11,8% y la pesca acumuló una baja del 39,8%. La industria manufacturera y el comercio —que en conjunto aportan más del 40% del valor agregado provincial— apenas sostienen el nivel del año pasado, lo que compromete seriamente la expansión del Producto Bruto Geográfico en los próximos meses.
El panorama de la construcción refuerza esa lectura. Los permisos de edificación mostraron una marcada volatilidad a lo largo de los últimos doce meses y alcanzaron en enero de 2026 uno de sus valores más bajos del período, perforando los 95.000 metros cuadrados autorizados. Si bien febrero y marzo exhibieron una leve recuperación, el sector no logra consolidar una tendencia expansiva sostenida. Según el informe, la debilidad responde a una combinación de factores: caída del poder adquisitivo, encarecimiento del crédito, incertidumbre cambiaria y menor dinamismo del mercado inmobiliario.
El campo exporta, la industria pierde terreno
En el frente externo, marzo fue un mes excepcionalmente positivo. Las exportaciones provinciales alcanzaron los 1.615 millones de dólares corrientes, un 38,6% más que en igual mes de 2025. Las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) concentraron el protagonismo: por sí solas explicaron el 87% del incremento en divisas, con un alza del 44,1% en valor y del 26,6% en volumen. En el acumulado del primer trimestre, las exportaciones santafesinas sumaron 4.031 millones de dólares, un 16,4% por encima del mismo período del año anterior.
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El informe atribuye este salto a varios factores: mejores precios internacionales, mayor volumen exportado y la reducción de la brecha cambiaria —que pasó del 17,7% en marzo de 2025 al 2% en igual mes de 2026—, lo que habría desalentado la subfacturación que existía en el período previo. Sin embargo, el documento advierte sobre una asignatura pendiente: la tonelada de manufacturas industriales (MOI) vale ocho veces más que la de productos primarios y tres veces más que la de MOA, lo que evidencia cuánto le cuesta a la provincia escalar en la cadena de valor de sus exportaciones.
El consumo no repunta
Las señales de enfriamiento del mercado interno son consistentes. Las ventas en supermercados y autoservicios mayoristas totalizaron $1.450 millones en febrero —a valores constantes—, con una suba interanual del 3,9%, pero con caídas respecto a diciembre y enero. Los rubros más afectados en la comparación mensual fueron electrónicos y artículos para el hogar (-30,4%), artículos de higiene personal (-16,8%) y bebidas (-11%). En perspectiva histórica, el nivel actual de ventas recuperó los valores prepandemia, pero sigue por debajo del pico registrado en 2018.
El consumo de servicios públicos también encendió señales de alerta. En enero de 2026, el Índice de Servicios Públicos (ISP) cayó un 7,1% interanual. El transporte de pasajeros fue el rubro más afectado, con un desplome del 13,6%, en parte explicado por la interrupción de servicios ferroviarios. El transporte de carga retrocedió un 9,3%, y los servicios energéticos —electricidad, gas y agua— cedieron un 6%. Según Funepe, este comportamiento refleja "una economía provincial que continúa ajustándose", con una recuperación que todavía no logra consolidarse.
Pobreza e indigencia persistentes
El capítulo social del informe combina datos de mejora con cifras que siguen siendo críticas. Según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC correspondiente al segundo semestre de 2025, la pobreza se redujo en ambos grandes aglomerados provinciales: en el Gran Rosario alcanzó al 22,3% de las personas, y en el Gran Santa Fe al 30,6%. Sin embargo, los autores advierten que más de un quinto de los rosarinos y cerca de un tercio de los santafesinos del aglomerado capital aún viven por debajo de la línea de pobreza.
La situación más preocupante es la de la indigencia en el Aglomerado Gran Santa Fe (AGSF). Mientras el Gran Rosario registró su tercera reducción semestral consecutiva —con 92.000 personas saliendo de la indigencia en los últimos dos años—, el AGSF mostró un deterioro: la indigencia trepó del 6,3% al 9,3% de las personas entre el primero y el segundo semestre de 2025. En números concretos, 16.852 santafesinos que en el primer semestre cubrían sus necesidades alimentarias básicas dejaron de poder hacerlo en el siguiente. En total, en los dos grandes aglomerados de la provincia hay 473.000 personas en situación de pobreza, de las cuales 105.000 son indigentes.
La inflación, sin tregua
A este cuadro se suma una inflación que no cede. En abril, el Índice de Precios al Consumidor santafesino registró una suba mensual del 3%, por encima del 2,6% del índice nacional. En el acumulado anual a abril de 2026, los rubros con mayores incrementos fueron vivienda y servicios básicos (44%), educación (38,2%) y transporte y comunicaciones (36,9%), todos ellos de alta inelasticidad en la canasta familiar. El informe señala que esta disparidad entre lo que miden los índices y lo que perciben los santafesinos en el bolsillo se explica por la estructura del gasto: alimentos y transporte representan el 52% del presupuesto de los hogares, y son precisamente los rubros que más presión acumulan.
El informe cierra con una reflexión que trasciende los números coyunturales. Méndez y Modolo advierten que Santa Fe exhibe "una vieja tensión estructural": es una economía capaz de generar riqueza y divisas —como lo demuestra el desempeño exportador del agro—, pero con crecientes dificultades para distribuir ese bienestar en el entramado urbano y social. La provincia produce, exporta y aporta al país, pero convive al mismo tiempo con niveles persistentes de pobreza, una fuerte retracción de la inversión pública nacional y un mercado interno que todavía no logra recomponerse.
El desafío que plantea el observatorio de Funepe es, en definitiva, uno de fondo: encontrar un modelo de desarrollo que garantice crecimiento económico sin fragmentación social, y que evite que los números virtuosos de la macroeconomía terminen consolidando, para buena parte de los santafesinos, una microeconomía de supervivencia.