El Vaticano denunció ayer la doble vida “inmoral” que llevaba el fundador de los Legionarios de Cristo y dijo que nombrará un enviado papal y una comisión especial para reformar la orden religiosa conservadora, después que se reveló que Marcial Maciel abusó sexualmente de seminaristas y tuvo por lo menos un hijo.
En una declaración, el Vaticano fustigó a Maciel, ya fallecido, por crear “un sistema de poder” erigido en base al silencio y la obediencia que le permitió llevar una doble vida “carente de escrúpulos y de un sentimiento religioso auténtico” y le permitió abusar de varoncitos durante décadas.
“Al apartar y poner en duda a quienes cuestionaban su conducta y la falsa creencia de que no perjudicaba el bien de la Legión, creó a su alrededor un mecanismo de defensa que lo convirtió en inatacable durante un largo período, dificultando el conocimiento de su verdadera vida”, dice la declaración vaticana.
La Santa Sede aseguró a los miembros actuales de la Legión que les ayudará a “purificar” lo bueno que queda de la orden y que no quedarán abandonados mientras se someten a la “profunda revisión” necesaria para seguir adelante.
La Santa Sede emitió la declaración después que el Papa Benedicto XVI se reunió con cinco obispos que investigaron la Legión durante ocho meses y que tomaron contacto con un millar de miembros en todo el mundo para determinar el futuro de la orden después de la desacreditación de su fundador.
La respuesta del Pontífice es observada atentamente debido a que el Vaticano enfrenta una presión creciente para lidiar enérgicamente con los abusos y suministrar atención pastoral a las víctimas.
El caso de Maciel ha sido considerado un ejemplo de la inacción del Vaticano frente a las denuncias de abusos, puesto que las víctimas de ese religioso habían intentado en los años 90 iniciar un juicio canónico en su contra, pero fueron obstaculizados por los partidarios de éste en el Vaticano.
Finalmente, recién en el 2006, un año después que asumiera Benedicto XVI, el Vaticano ordenó a Maciel que llevara “una vida reservada de penitencia y oración”.

































