En el ambiente cada vez más enrarecido de los estadios de fútbol, el minuto de silencio en memoria de alguna personalidad va convirtiéndose en una irreverencia más que en un sentido homenaje. Creo que 60 segundos de silencio es una eternidad, cuando se trata de callar las voces de miles de personas ansiosas, expectantes, deseosas de que el encuentro comience lo antes posible. En el prestigioso Monumental de River y en el humilde Gabino Sosa de Central Córdoba, en los últimos días quedó demostrada con toda crudeza la falta de respeto de una parte del público ante la solicitud de un minuto de silencio. En River, previo al partido que por las eliminatorias sudamericanas jugaron Argentina y Venezuela, una silbatina de las dos hinchadas transformó el homenaje al extinto presidente Chávez en una clara manifestación de reprobación. Y en “el Gabino”, en el que debían enfrentarse el Charrúa y Atlanta, y donde se le requirió a la concurrencia silenciar su voz por un motivo que no llegué a precisar, la vocinglería que se escuchaba a través del receptor fue un cachetazo a la solicitud hecha a la gente para que se quedara callada por un minuto. Rara vez se logra un silencio absoluto, y si ello se consigue, no va más allá de 15 o 20 segundos porque. insisto, 60 segundos es demasiado tiempo en el marco de la iniciación de un espectáculo deportivo. Por eso me parece que habría que reducir ese tiempo a 10 segundos, o mejor aún, abolir definitivamente esa práctica bien inspirada pero cuya implementación termina casi siempre en una actitud irrespetuosa, aunque no sea intencional. Tal vez, convendría que la “Voz del estadio”, en vez de pedir el famoso minuto de silencio a manera de merecida recordación, hiciera una brevísima alusión a la persona fallecida recientemente, destinataria de la pretendida silenciosa evocación. Ultimamente se ha implementado el llamado “minuto de piernas caídas” como repudio contra la violencia en el fútbol, pero la situación de poca adhesión es la misma. Al menos, en el partido Newell´s-Armenio, tras 10 segundos de silencio el árbitro ordenó el comienzo de la confrontación. Este comentario es válido para todos los estadios y predios donde se realicen actos multitudinarios de cualquier índole.




































