Marcos fue asesinado sobre las 22 del martes 23 de julio de 2019. Salía de trabajar del gimnasio Progress Fitness de Mendoza al 4900, en barrio Azcuénaga, y caminaba hacia la parada de la línea K para ir a lo de su novia cuando un hombre lo forzó a punta de pistola a doblar por Sucre. Tras caminar unos 30 metros el asaltante le disparó dos tiros, uno mortal a la cabeza, le robó una mochila y huyó. Cámaras de la zona captaron que el atacante era esperado por alguien a bordo de un Peugeot 208 que había estado 40 minutos estacionado en la esquina. Era Soso, de 34 años y entonces pareja de la ex de Guenchul, detenido días después en Ezeiza a punto de tomar un vuelo a Líbano.
Tras dos meses preso, Soso pidió declarar. Dijo que no quería matar a Guenchul sino intimidarlo para que “entendiera y no molestara más a Priscila”, que había pedido una restricción de acercamiento contra su ex mientras un juzgado de Familia ordenaba las visitas de la nena. Soso mencionó a Panero, de 40 años y detenido como ejecutor del crimen, y tiempo después fue detenida Priscila, de 35 y con una hija recién nacida fruto de su relación con Soso.
En el juicio oral Soso asumió haber ideado el plan por su cuenta pero sin intenciones homicidas. Panero esgrimió falta de pruebas en su contra y Denoya dijo no estar al tanto de la iniciativa de Soso, aunque se hizo cargo de no haberlo entregado cuando se enteró de lo que había hecho. La decisión de absolverla que adoptó la mayoría del tribunal derivó en incidentes cuando conocidos de Guenchul agredieron al padre de Priscila y le arrebataron una bandera que decía “Priscila inocente”.
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Lo que sigue son algunos ejes de los fundamentos del extenso fallo judicial donde los jueces explican los motivos de su decisión: por qué creen que el plan no era matar a Guenchul y por qué no se demostró que Priscila fuera parte de esa trama, según el fallo marcada por patrones culturales propios del patriarcado.
Relación breve y disfuncional
Los jueces rechazaron la versión de que Priscila era una persona violenta que insultaba a Guenchul o ponía obstáculos para que éste viera a su hija. Al reconstruir la historia de la pareja plantearon que mantenían una relación casual hasta que a los tres meses ella quedó embarazada. Denoya transitó la gestación sola, anotó a la nena a su nombre y Marcos se acercó tras el nacimiento. De abril a junio de 2017 intentaron formar una familia pero la convivencia fue muy mala, con agresiones e insultos, hasta que se separaron: “La relación era disfuncional pero lejos está de probarse que ello obedeciera a una conducta exclusiva o unilateral de Denoya”.
En ese punto los jueces repasaron audios, mensajes y mails recuperados de la computadora de Guenchul, quien documentaba esa información y acostumbraba filmar a escondidas a Priscila, a quien se refirió en términos afectuosos y de agradecimiento en un mail de despedida. Esto contrastó con testimonios brindados en la audiencia que “ubicaban a Denoya como violenta agresora. Denoya no generó empatía en el entorno de Guenchul, pero no al nivel de agresividad física que algunos testigos le adjudican”.
“La relación que mantenían Denoya y Guenchul era disfuncional, de corta duración y la única materia pendiente era la crianza y acompañamiento de la hija en común. En este contexto, la demonización de Denoya posterior al homicidio que hacen algunos testigos, describiéndola como dispuesta a ejercer violencia sobre Guenchul para someterlo a sus condiciones, no tuvo correlato en el debate”, concluyen.
El trámite judicial
La relación terminó en agosto de 2018 y Guenchul inició una mediación judicial por las visitas a Tiziana. Al mes se acordó que podía visitarla en casa de la madre, llevarla a la plaza del barrio y una cuota alimentaria de 4 mil pesos. Hubo desde entonces 25 visitas, a razón de tres semanales, con tres planteos de impedimento que hizo Marcos por no poder ver a la niña porque estaba “durmiendo”.
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Por registros recuperados de la computadora de la víctima, para los jueces “no puede establecerse que existiera una negativa de Priscila al contacto de la hija con su padre”. Hasta que hubo una discusión muy fuerte tras la cual Denoya pidió una restricción de acercamiento contra Guenchul en noviembre de 2018 y no volvieron a verse. Marcos grabó subrepticiamente la discusión, “con miras a preconstituir prueba para el litigio que se avecinaba, por lo que podía tomar recaudos para no decir cosas que podrían comprometerlo”, apuntaron los jueces.
En la grabación queda claro que Priscila no obturaba las visitas (“podés venir todos los días que quieras”, le dice) pero consideraba inapropiada para la nena la casa de Marcos por considerar que era un entorno de consumo de drogas. Desde ese momento Guenchul interpuso una demanda en el juzgado para restablecer el contacto con su hija. Según el fallo, en abril se había dispuesto una visita semanal en Tribunales. Pero por una serie de malentendidos la niña fue llevada un día que Guenchul no asistió. Y a su vez él acudió tres veces sin que acercaran a la niña, ya que Priscila no llegó a ser notificada del nuevo régimen.
“La alegación de que había una suerte de obsesión para que Guenchul no viera a su hija no se probó en el debate. No advertimos una posición obstinada de Denoya para evitar que Marcos pudiese ver a su hija en los encuentros en Tribunales ni mucho menos que esto resultara una situación intolerable para ella como para suscitar un encono extraordinario”.
El plan y el resultado
“Yo tenía otra intención y esto salió mal”, declaró Soso, quien confesó que contactó a Panero para darle un susto a Guenchul, cansado de las tensiones que recaían sobre Priscila durante el embarazo de riesgo de su hija. “El no respetaba las visitas. Caía un día que no le correspondía explicando que como había jugado Newell’s no había podido venir. Por otro lado tenemos los escraches y la difamación en redes sociales. Priscila lo llevaba bastante bien, creía que con el medio judicial se iba a ir resolviendo”, dijo Soso.
”Todos estamos bañados por el machismo —añadió— y yo no me pude sentir cómplice de no hacer nada. Estábamos en una situación de estrés total. A mí me habían echado del trabajo, empecé a ver que la damnificada podía ser mi hija. Cometí el error de pensar que la solución era la charla fuerte y salió mal por un forcejeo, por conductas de los dos: Panero por ser más violento de lo que creía y Marcos por defenderse”.
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Para los jueces, si bien los dichos de Soso tienen partes ciertas y partes falsas, las evidencias no se condicen con un plan homicida. Primero por el modo en que fue abordado Guenchul. Un chofer de la K que vio la escena pensó que era un robo y lo estaban apretando. “Si la idea era ir a matarlo, más razonable y efectivo hubiera sido disparar desde el auto. Acercarse al punto de carearse con la víctima no tenía mucho sentido si la finalidad era homicida y se condice más con la idea originaria de intimidarlo”, dice el fallo.
Para llegar a esa conclusión los jueces también se basaron en que, fuera de alcance de las cámaras, pasaron 15 segundos antes de que Panero disparara. “¿Qué ocurrió en esos 15 segundos? ¿Qué explicación podría tener que Panero se tomara tanto tiempo para disparar, máxime cuando había un colectivo en la esquina tocando bocina y la posibilidad de que el chofer interviniera? ¿Pudo existir algún conato de resistencia de Guenchul que haya generado la reacción de Panero por fuera de lo planeado?”, se preguntaron.
Un testigo escuchó el grito de “quedate quieto”, y eso para el tribunal “no resulta lógico” si el plan inicial era homicida. Por último la conducta posterior de Soso, accidentada y torpe, “lejos está de ser la de alguien que concretó un plan minuciosamente trazado”, lo que indica como más probable que el plan fuera intimidar a Guenchul.
La participación de Priscila
Tras analizar las pruebas que comprometen a Soso y Panero, los jueces analizaron la participación de Priscila. Para los dos que la absolvieron “es una simplificación” pensar que era la única interesada en provocar un ataque a Guenchul cuando a la fecha del crimen ya habían ocurrido situaciones más tensas sin que ella acudiera a una opción semejante.
Además de que “Soso refiere enfáticamente que Denoya no sabía nada de su plan y que preparó todo sin conocimiento de su pareja”, Aliau y Becerra expresaron dudas sobre la participación de ella en un encuentro previo con Panero y Soso en Villa Gobernador Gálvez.
Luego del crimen Soso llegó con Panero hasta la casa que compartía con Denoya y según sus dichos le reveló a la mujer lo que había pasado y le pidió a ella, embarazada de cinco meses, que lo acompañara a llevar al atacante hasta su casa en Villa Gobernador Gálvez. “Es cierto que la conducta posterior de Priscila, ya en innegable conocimiento de lo que Soso y Panero venían de perpetrar, demuestra un accionar encubridor”, apuntaron Aliau y Becerra, y añadieron: “No desconocemos que genuinamente muchos allegados de la víctima puedan sentirse íntimamente persuadidos de la responsabilidad de Denoya, abrigando una suerte de certeza moral, pero eso no es suficiente para arribar a una sentencia condenatoria”.
Prejuicios del patriarcado y la demonización de una mujer
La sentencia por el crimen de Marcos Guenchul advirtió sobre algunas pautas culturales propias de una sociedad machista presentes en el caso. Por un lado, para los jueces hubo una “demonización” de Priscila Denoya que refleja “los prejuicios que se corresponden con patrones de la cultura patriarcal en la que estamos inmersos como sociedad” al haber sido presentada por testigos como “manipuladora, problemática y el cerebro detrás de todo”. Concepción que “incluso podría interpretarse como benevolente respecto de Soso” y que fomenta “el arquetipo de la mujer manipuladora, una concepción prejuiciosa de la mujer como un ser pleno de astucias”, de la que no hallaron respaldo en la prueba.
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Por otro lado, consideraron, no puede descartarse que los motivos de Caio Soso para organizar el ataque “se vinculen a un patrón machista de confrontación violenta, ya que se consideró desafiado por las actitudes de Guenchul”. Esto en una sociedad donde los actos violentos de los varones son “celebrados en los deportes, el cine, la literatura y la guerra. La violencia no sólo es permitida, también se glamoriza y recompensa”.