Jorgito Nicolás es un buen chico, anda por los 30 y pico y tiene tres grande amores: Evelyn, la música y Central. De lo que no estoy seguro es el orden afectivo de los antes expuesto. Trabajaba en una empresa de calzado muy grande en la zona sur de Rosario, su jornada era extensa, entre 10 y 11 horas, y no quiero faltar a la verdad pero tengo entendido que a la empresa le molestaba muchísimo pagar horas extras, pero "es lo que hay" decía Jorgito con una sonrisa. En los últimos días se lo podía ver exultante, eufórico, al igual que toda la parcialidad centralista. Estaba muy ilusionado con poder festejar la obtención del título de la Copa Argentina, ya que el año anterior se escapó por poquito frente al "Globo". Y deseaba sumarse a las huestes canallas que viajarían a Córdoba. Solicitó en varias oportunidades el permiso pertinente y siempre fue un no rotundo como respuesta. Entonces sugirió que se le descontara el jornal correspondiente al día, pues él quería estar con dos de sus amores, Evelyn y Central, alentando en el Mario Kempes. Lo necesitaba, él como tantos. Y se fue nomás. Volvió de Córdoba como todos, indignado, con mucha bronca por los sucedido, y resignación. Y pensaba, "ahora como me van a gastar, y bueno, voy a temer que aguantármelas". Pero allí no termina la historia, cuando al día siguiente fue a trabajar le informaron que había sido despedido. Es casi incomprensible tomar una decisión así. "Si les avisé que iba a faltar", dijo apenas balbuceando. Dura lección, Jorgito. Es así, por más blanco que se ponga Antonio (que no es el amigo del Chacho), el capital no tiene tolerancia, y menos sentimientos. Serviste de ejemplo para disciplinar al resto de los trabajadores de la estancia. Ahora, Jorgito, a buscar laburo.



































