En el mes de agosto se cumplen cuatro años de la sentencia firme que ordenaba la efectivización de las ordenanzas 5.904 y 5.905 en las que exigía la construcción de la guardería y cementerio municipal publico y gratuito para perros y gatos, según se había dispuesto por ley, para la ciudad de Rosario. La transcripción de la historia de estas normas parece incongruente con el respeto por las leyes y por la división de poderes inherentes a toda sociedad democrática. Renuencia para su aplicación, utilización de chicanas judiciales para demorar la sustanciación de la causa, incomprensible falta de cumplimiento de la sentencia y finalmente, el golpe magistral que acabaría con el problema. El proyecto de un concejal para derogar las ordenanzas, todas manifestaciones de incoherencia institucional agravada porque es el mismo Estado que debe administrar justicia, quien la ningunea. Cuatro años es mucho tiempo, pero no nos quedaremos en el reclamo y la queja, seguiremos interponiendo todos los recursos válidos para lograr el cumplimiento de la orden judicial. No nos podemos quedar con las manos vacías cuando los perros del Imusa y del anexo siguen padeciendo las condiciones deplorables de su prisión. No nos podemos quedar con las manos vacías cuando esos prisioneros sin delito sobreviven en sitios que violan la declaración universal de los derechos del animal, Unesco, ONU, y sobre todo no nos podemos quedar con las manos vacías porque necesitamos que los ciudadanos sean oídos, que las leyes se apliquen, que la Justicia se respete y que la democracia sea una realidad digna de ser vivida.




































