El Papa Francisco, fiel a su estilo, no ha dejado de sorprender en cuanto a cómo interpreta el verdadero Evangelio. El preriplo realizado hace unas semanas por tres países latinos, poniendo en sus palabras blanco sobre negro las amargas e irritantes diferencias y desigualdades entre pobres y ricos, los destinatarios ven con asombro que por primera vez el más alto dignatario de la Iglesia lo declama con tan sincera elocuencia. Los poderes terrenales deben tomar debida nota de estas advertencias. El Papa no anduvo con vueltas en pronosticar que no espera el futuro de no ser así. Soy muy pequeño para dar consejos a una figura de ese calibre pero me alimenta su bondadosa personalidad, y si lo tuviera al lado le diría: "Cuidado Francisco, detrás tuyo estás dejando resentidos dentro de tu propia grey, no sólo te metiste con coraje contra pedófilos, mesas de dinero y turbios desmanejos, y lo peor, siniestros capitalistas te tachan de comunista, en su ignorancia no ven que sólo predicas las enseñanzas de tu fundador. Serenate y basta de periplos agotadores, no somos pibes. Así no te muevas, el mundo decente te seguirá entendiendo, tu fortaleza física y espiritual es envidiable, lo demostraste cuando el bueno de Evo Morales te obsequió la hoz y el martillo con crucifijo incorporado. A propósito, sobre esto sabiendo de tu sentido del humor te ofrezco la manera de resarcirte. Cuando vengas a la Argentina te recibirán los impresentables de siempre, entre ellos Mauricio Macri. En homenaje a Evo regalale "La razón de mi vida", de Eva Perón. Dijiste en una ocasión que soñabas con caminar por las calles y detenerte a comer una buena pizza; te acompañaría con una condición, no hablar de política ni de religión, a los sumo de San Lorenzo, tu cuadrito.



































