De un tiempo a esta parte, se viene observando un notorio cambio en el paisaje de calle Junín. Como se sabe, esa arteria es una de las más peligrosas por el volumen y calidad de su tránsito. Ello sin tener en cuenta que calle Junín acumula, desde hace años, otro mérito: es una de las más deterioradas de Rosario. Ahora se observa algo aún más atractivo. Las autoridades de Aguas Santafesinas encontraron otra fuente de ingresos: el turismo. Contingentes de distintos puntos de la ciudad y de provincias vecinas aumentan sus visitas y restaurantes y hoteles de la zona norte no dan abasto. Masas de dinero van y vienen, pero van más hacia Aguas.Veamos. Manos anónimas (como dicen las crónicas policiales), "se apropiaron" de las bocas de tormenta. Son repuestas y son robadas. El agua de olor nauseabundo fluye sin cesar para satisfacción de los vecinos, que no saben a quién quejarse. Con las lluvias recientes, las imágenes que se llevan las cámaras fotográficas de los turistas son aún más elocuentes. Hablando mal y pronto: caca por todos lados y obvio, mal olor a toda hora. Si se abre una ventana o una puerta por el calor, el radar son las narices. En fin, Junín desde Garzón a Solís, por lo menos, en uno y otro sentido, es una porquería. Gracias a quien corresponda.
































