No lo pide el ejército ni la ONU, lo pido yo y unos cuantos más. Lo pedimos algunos vecinos que coexistimos en las calles de esta ciudad. ¡Alto al ruido!, porque enferma y porque está de más. Varios son los motivos de festejos, aunque el fútbol puede más. Bienvenida la alegría, de todas las formas y de todos los colores. Mas hagamos el sano intento de limitar el ruido, en tiempo y espacio real. Debe haber otras formas de festejar; y que no valga tampoco el romper y ensuciar, pues somos varios los que vivimos en el mismo lugar. Bombas y bocinas compiten a la par en jornadas de nunca acabar. De tanto en tanto algún fuego artificial. Parece ser por alegría que bombardeamos al cielo, menuda forma de festejar. Yo creo que estas costumbres podrían ya cesar. Y no somos sólo los silenciosos los que la pasamos mal, pensemos un momento en el reino animal. Hermanos no humanos que también comparten la ciudad. Perros que desesperan y corren sin más, acaban perdidos o atropellados, porque ellos escuchan más. Los pájaros se infartan y caen muertos de a montones, pues aunque lo intenten no logran huir de este lugar. Ya verán, con un “alto al ruido” cuán distinta lucirá esta ciudad.
































