Si bien es cierto que no tenemos la fecha exacta del nacimiento de Jesucristo, el dulce y poderoso Salvador, sino sólo aproximaciones al respecto (enero a marzo según algunos teólogos), también es verdad que históricamente el día 25 de diciembre era una fiesta pagana dedicada a la adoración al sol. En el siglo IV el Emperador Constantino (movido por oscuros intereses) oficializa el cristianismo, y se instituye dicha fecha para celebrar la Navidad, contestando a la protesta de los verdaderos cristianos con la siguiente expresión: "¿No decís vosotros que Çristo es el sol de Justicia? (Mal.4:2). De esa manera él pudo continuar con su paganismo adorando al sol, bajo la apariencia de adorar a Cristo. Pero más allá de la treta de Constantino, y de todo otro aditamento humano (tradición, ritos, legalismo y otros agregados de diversa naturaleza), nada ni nadie podrá quitar el profundo y trascendente significado de la Navidad para cada creyente, la cual es de celebración interna y cotidiana, porque en realidad, todos los días Jesús renace en el corazón de aquellos que creemos en El.


































