He leído la entrevista al obispo emérito de la Iglesia Metodista Argentina, Federico Pagura. Mas allá de la levitación de la misma en términos generales, me he detenido ante la pregunta del periodista acerca de la mirada -que el emérito tiene- respecto de los que matan en nombre de un dios. Con habilidad dialéctica o maléfica intelectualidad, elude la respuesta para limitarse a censurar a las actuales autoridades de Israel, que "están desconociendo a los grandes profestas de la religión judaica" (sic), mientras promueve un libro de su autoría. De inmediato se pone al lado del pueblo palestino y saluda a Barenboim por su gestión musical. Me pregunto: ¿puede el Emérito Pagura -cuyo currículum se exhibe sobre el título de la nota- hacerse el distraído con la situación actual de Israel? ¿Puede limitarse a una evasiva de esa magnitud una personalidad tan destacada como es? Así lo hicieron los "grandes" representantes de los países occidentales tras los acuerdos de Munich de 1938. Pacto que prologó el acontecimiento más horroroso del "corto" siglo XX (Erik Hobsbawn) que fue la segunda guerra mundial y la Shoá. ¿Desconoce el emérito que los palestinos de Hammas, que ocupan la Franja de Gaza, en su carta orgánica de formación institucional, en su regla N° 7, desconocen al Estado de Israel y se comprometen a la eliminación de su pueblo? ¿Ignora el obispo los cientos de misiles diarios que se arrojaron desde ese territorio al otro lado de la frontera, donde el ulular de las alarmas significa el transcurso de 15 segundos en que oscila la vida y la muerte? El emérito -que dice no ver bien de un ojo- ¿no ha alcanzado por esa razón a leer los atentados criminales hechos en la última semana, que costaron la vida a cuatro judíos que rezaban en una sinagoga en Jerusalén, o el atropello deliberado e intencional con un automóvil a peatones judíos que esperaban un micro, reiterado en otra ocasión en la misma ciudad, capital histórica de Israel? ¿No ha leído acerca de los túneles construidos desde la Franja de Gaza, para atravesar la frontera bajo tierra por parte de fundamentalistas cuyos objetivos son sólo la muerte de sus enemigos judíos, como lo fue un pequeño de tan sólo un año de edad? ¿Cree el señor Pagura que, para entender estas actitudes, las autoridades del Estado de Israel "deben remontarse a los grandes profetas de la religión judaica"? Esos judíos no han tenido la "muerte plácida" que el emérito se desea a sí mismo, según dice en la entrevista. Han sido objetos de la muerte violenta -mientras intentaban, a través de la oración- dialogar con su dios. Esas muertes, en ese trance no merecen la escabullida a la respuesta a la que el señor Pagura, maliciosamente, ni se se refiere en la nota aludida. Razones de espacio me impiden continuar. Si usted ha presidido el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, con sus declaraciones, poco favor le hace al mismo; y me recuerda a tantos que, como usted, obispo emérito, hacen la del tero: ponen los huevos en un lado y gritan por el otro.

































