A vos te escribo, negligente, que el domingo 8 de noviembre, alrededor de las 10 de la mañana (podés ver más detalles si ves la nota gentilmente publicada por este diario on line el martes 10/11 y de paso los comentarios que te dedica la gente) atropellaste a mi mamá, que caminaba tranquilamente por el cantero central del bulevar Oroño a la altura de Córdoba. La embestiste en plena Calle Recreativa, con tu bicicleta por detrás y le quebraste la cadera, ¿sabés el daño que causaste? Además de dejar postrada a una joven abuela de 83 años que de anciana no tiene nada, que se convirtió en una persona dependiente, que fue operada, destruiste una familia, yo tuve que dejar mi trabajo, mi hermano pedir permisos constantes en el suyo. Quizás vos tengas una abuela, mis hijos sufren; si pensás que estás en el anonimato, las cámaras de la esquina te tomaron, llevabas shorts color violeta. Si aún te queda algo de don de gente aparecé, me vas a encontrar en facebook con el nombre de la firma de esta nota, o en el diario con todos mis datos. Haceme ver que la juventud no está perdida, como Nahuel y su novia que la auxiliaron y no sólo hasta que llegó mi hermano al lugar del hecho sino que buscaron hasta encontrarnos en el Sanatorio Mapaci y siguieron viniendo a verla. Te repito, somos gente de bien y no quiero publicar tu cara.



































