La Plata.— El subteniente Claudio Serrano fue ejecutado de siete balazos cuando intentó liberar a una mujer que era tomada como escudo humano por uno de los ladrones que asaltaron su vivienda.

La Plata.— El subteniente Claudio Serrano fue ejecutado de siete balazos cuando intentó liberar a una mujer que era tomada como escudo humano por uno de los ladrones que asaltaron su vivienda.
Ocurrió la noche del jueves cuando Gustavo Solá, de 55 años, llegaba a su casa del centro de La Plata a bordo de un Honda CRV. Al descender del rodado, el hombre fue interceptado por dos delincuentes que lo obligaron a ingresar a la vivienda donde estaba su esposa, Alejandra; su hija María y el novio de ésta, Andrés.
El contador alcanzó a accionar la alarma de pánico que alertó a los efectivos de la comisaría 2ª, desde donde salió hacia el lugar un patrullero con los subtenientes Claudio Serrano y Pablo Ferreyra.
Timbre y tiros.Los delincuentes se apoderaron de 4.000 pesos y varias joyas, pero cuando estaban por huir el subteniente Serrano tocó el timbre para chequear que todo estuviera bien. Entonces, uno de los delincuentes tomó a la mujer como rehén y apuntándole a la cabeza abrió la puerta para escapar.
"Alto, soltala", repitió Serrano varias veces, pero la orden fue desoída por el delincuente y su cómplice, quienes abrieron fuego contra el policía, soltaron a Butín tirándola al suelo y siguieron disparando contra el efectivo, que repelió la agresión.
Serrano recibió siete balazos y el primero fue efectuado por la espalda por un tercer delincuente que aguardaba a sus cómplices en un auto que fue abandonado en el lugar.
Tras la agresión, los asaltantes corrieron unas cuadras e intentaron abordar un auto particular que conducía un hombre y que, como no se detuvo, le efectuaron dos disparos que dieron en las ventanillas pero no le provocaron heridas. Detrás de ese auto circulaba un Corsa en el que viajaba una familia a la que los delincuentes detuvieron bajo amenazas, los obligaron a bajar y escaparon en el rodado que luego fue abandonado al igual que dos pistolas calibre 9 milímetros.


Por Florencia O’Keeffe
