Newell's debe aprovechar este punto de inflexión que parece haber instalado con mucho esfuerzo con dos triunfos seguidos en el Apertura. Tiene que transformarlo en un envión emocional y en un gesto que le otorgue sustento y motivación a esta instancia de crecimiento. De una vez por todas, tiene que atreverse a enterrar sus miedos y sus fantasmas, esos que revolotean de manera burlona y radican en su fuero interior y que muchas veces terminan condicionando sus pasos y conspiran para que sus intentos caigan rápidamente en el saco roto de las frustraciones.
Esos titubeos que suelen aparecer después de cada paso adelante y que el propio entrenador Frank Kudelka lo reconoció en una rueda de prensa tras el golpazo que significó la eliminación de Copa Argentina a manos de un rival del ascenso, que además puso suplentes.
Esas vacilaciones inexplicables que salieron a escena en el segundo tiempo ante Central Córdoba en Santiago del Estero y casi tiran por la borda la muy buena actuación de la etapa inicial, los dos goles y la diferencia numérica por la expulsión de Pignani.
Newell's es su peor rival
En ese tramo, transitó por una peligrosa cornisa, de la que recién pudo salir en los minutos adicionales, con el gol del pibe Scarpeccio. Hasta ese momento, con un jugador más, igual no pudo manejar las riendas del trámite para no correr riesgos innecesarios. Ni siquiera pudo aprovechar ninguna de las contras, que fueron más insinuaciones que amenazas concretas.
Por el espejo retrovisor se la cruzaron recuerdos cercanos que casi desembocan en otro cachetazo que lo obligue a retroceder todavía más casilleros. Parece que siempre tiene que sufrir, si no, no vale.
Por eso, el extraordinario valor de su cosecha en el estadio Madre de Ciudades. Al menos, por 45 minutos y un poco más, este Newell’s salió decidido a imponer condiciones y lograr una ventaja en el marcador que en realidad se basó en lo producido en el campo de juego.
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Newell's fue superior
Por primera vez en mucho tiempo, fue superior a su adversario de turno y lo demostró con un rendimiento convincente, que no dejó lugar a segundas lecturas, donde exhibió señales de revitalización que seguramente servirán de huellas basales y de referencia para este ciclo que no encontraba esas indicaciones.
En este momento, no tiene que dejar accionar su gen de carácter autodestructivo, esa cruel enfermedad interna que en los últimos años lo alejó de todas las luchas importantes, y no le permitió convertirse en protagonista serio de ninguna contienda, ni siquiera pudo dar batalla hasta el final en ningún certamen.
Hace más de 10 años, ese manto de incertidumbre sale a escena socarronamente y finaliza atentando contra sus propios intentos. No lo deja construir, y ante cada esbozo positivo suele adueñarse del tablero de acción, ata sus movimientos, ciega su rumbo, y generalmente todo termina cayendo en un pantano indolente, que le hace pagar muy caras sus equivocaciones.
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Newell's debe extender este halo postivo
Por eso, este Newell’s necesita ahora hacer extender este lapso y transformar en confiables cada eslabón positivo que va forjando en esta cadena de esfuerzo que va tejiendo para tratar de exponer una señal de ratificación, que logre sobrepasar estas dos primeras victorias en el torneo con nuevas producciones que le permitan creer sí mismo, tomar confianza y ver más limpio su horizonte.
En ese marco, el conjunto leproso debe seguir trepando, sin caer en ambiciones desmedidas. No tiene que confundirse, ni mentirse, ni mirar más arriba, por encima de lo alcanzable y de lo realmente posible. Debe darle tintes de sinceridad y de veracidad, a cada nuevo paso.
Y para eso debe liberarse de sus traumas previos, sepultar recuerdos recientes, procesar todo mucho más rápido, y aprender a escapar de sus limitaciones y sus dudas. Esos son hoy sus peores enemigos.