El 12 de septiembre se cumplieron 37 años de uno de los atentados más sanguinarios de los muchísimos perpetrados por el terrorismo subversivo de los setenta. El 12 de septiembre de 1976 en la ciudad de Rosario, cuando un colectivo de la policía local regresaba de cubrir servicio en la cancha de Rosario Central, una célula formada por elementos que ahora algunos llaman “jóvenes idealistas” o “los mejores”, detonaron una bomba de tipo vietnamita que habían ocultado en un automóvil estratégicamente estacionado en el lugar por donde debía regresar el transporte. Además de un importante número de heridos y mutilados, perdieron la vida un cabo, ocho jóvenes agentes de policía y un matrimonio que casualmente circulaba por el lugar en su modesto auto, salvando milagrosamente la vida solo su pequeña hija. De ellos ¡muy pocos o nadie se acuerda!, ni los organismos de derechos humanos ni las autoridades provinciales o municipales, esas mismas que cuando cabe la ocasión rinden honrosos y emotivos homenajes al tristemente célebre Ernesto “Che” Guevara, al que un ex intendente un día llamó “el ciudadano más emblemático de la ciudad”.



































