Ni siquiera felicitó a la Bolsa por sus 140 años cuando justamente el motivo de la invitación era el natalicio de la institución. Es más, no hizo una mención a Rosario ni al agro en su hora y seis minutos en el atril frente a un auditorio colmado. Claramente evidencia un desconexión total con el marco y se encierra en su mundo y peleas.
Milei asistió al cumpleaños y fue directo a comer la torta sin dejar presente alguno ni un saludo protocolar. Usó la tribuna del círculo rojo como cadena nacional para apuntar contra los “degenerados fiscales” y “legisladores mentirosos” que aprobaron la ley de movilidad jubilatoria con un aumento incluido que le costará al fisco “370 mil millones de dólares”. La evidente alteración presidencial era porque le trastocaron el superávit. Fue tal el enojo por la coyuntura que, dijo, lo hizo cambiar el discurso, aunque nada garantiza que hubiese sido muy distinto.
Lo que esperaban de Milei
“Nos dijo que le gustaba venir y quería participar”, dijo el presidente de la Bolsa, Miguel Simioni, pero no tapó el mal sabor que generó en los presentes la falta de empatía o hasta de respeto para los más susceptibles. “Las formas que tiene el presidente ya la conocemos, podés coincidir o no, pero valoramos que haya venido”, edulcoró, posteriormente, Simioni.
A esta altura nadie puede horrorizarse, claro, mucho menos quienes siguen conectando con los objetivos de fondo del plan libertario. Esto venía en el combo, no en la letra chica. Sin embargo, esperaban alguna señal para el campo y la agroindustria respecto a lo cambiario, a la quita de las retenciones y si no era mucha molestia al futuro de la licitación de obra pública más grande del país, la hidrovía.
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El presidente de la Bolsa, Miguel Simioni en el discurso previo a que hable Javier Milei
Bolsa de Comercio de Rosario
Nada, ni un piropo al estilo 'el campo es el motor de la economía' como suelen endulzar los dirigentes en la Bolsa y dejan satisfechos a todos. Pero Milei insiste en correrse de ese formato tradicional, por más que su gobierno demuestre otros vicios de la casta que tanto cuestiona.
El gobernador Maximiliano Pullaro pasó en limpio el enojo por no haber recibido ni una sola señal de parte del presidente tal como anhelaba, al igual que las cadenas del agro presentes. “Sinceramente esperaba que al menos hubiese receptado lo que nosotros queríamos plantearle”, reconoció. Milei no escuchó el discurso del gobernador, del presidente de la Bolsa ni del intendente de Rosario, Pablo Javkin; entró al auditorio solo cuando era su turno.
Eso demuestra la disociación en general que practica el libertario y en particular con el ámbito dirigencial . Desde hacía 14 años un presidente de la Nación no asistía a la institución y esta vez era especial porque Milei conectó fuerte con la mayoría del sector a partir de su plan económico, sobre todo por su arista desreguladora.
Se había generado un marco de expectativas enorme, con una puesta en escena de casi mil invitados y con gente que quedó fuera del auditorio, más un protocolo de seguridad riguroso a varias cuadras a la redonda. “¿Saldrá con alguna el loco?”, le preguntó en la demorada cola de ingreso un histórico socio de la Bolsa a otro. Al final no salió con ninguna, literal.
Anuncios cero
“Las expectativas siempre están de que haga un anuncio, pero nosotros tenemos charlas con ellos sobre los temas”, argumentó tras el acto el presidente de la Bolsa. Ese objetivo lo había dejado en claro en su exposición que estuvo cargada de emotividad para los socios de la institución. Lejos, muy lejos de la frialdad de los números del presidente.
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El auditorio de la Bolsa colmado para ver a Javier Milei.
Bolsa de Comercio de Rosario
El discurso oficial hasta había tomado algún vuelo de la retórica mileísta al celebrar algunas medidas del gobierno, como la eliminación de la “perversa” ventana de exportación del dólar soja, y la eliminación de fideicomiso aceitero y triguero “con una erogación de dinero que vaya a saber dónde terminó”.
“Venimos trabajando con los interlocutores de la Nación. Se han hecho gestos para que la cadena agroindustrial pueda seguir confiando y esperando”, sostuvo Simioni mostrando el tono de la paciencia que existe -o existía hasta el acto- y aclaró: "Por supuesto nos queda una agenda pendiente”.
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Obviamente mencionó el mayor objetivo de toda la cadena, desde el productor a la cerealera: la eliminación de retenciones, que el presidente prometió borrarlas aunque sigue estirando la fecha. Los más entusiastas esperaban alguna mínima precisión en el discurso del libertario para poder darle certezas al negocio, por lo menos para mantener la ilusión con aliento.
¿Cómo sigue?
Claro que el círculo rojo agroexportador tenía dónde fundamentar las expectativas con Milei. Recibirían por primera vez en su casa al libertario que la mayoría respaldo en las urnas, principalmente para desregular mercados sin anestesia, por ser opuesto a laberintos estatistas, y por portar el mandato de enterrar políticas para el sector que vinculan directamente con el kirchnerismo.
Alguna dosis entregó en estos meses de gobierno y eso mantiene la adhesión. Es un consentimiento instintivo, emocional, pero que seguramente tenga sus límites si las promesas no se terminan cumpliendo.
La visita del presidente demostró que el ídolo del póster también puede tener mal aliento o no saludar para el cumpleaños. Podrán apelar al 'mientras cumpla, no importa', aunque ese fundamento en la noche del aniversario de la Bolsa perdió algo de consistencia entre el establishment.