Cultura y Libros

La poesía en broma pero en serio

A los 103 años Nicanor Parra murió en su casa de Santiago de Chile el martes pasado. Matemático, miembro de una familia extravagante y de gran sensibilidad, hermano de Violeta, cultivó lo que denominó la antipoesía, una poética sarcástica y coloquial al alcance de cualquier lector. En el prólogo de Parranda larga, una antología de sus poemas, Elvio E. Gandolfo medita sobre el singular autor y su obra

Domingo 28 de Enero de 2018

Una casi obligación previa que Parra se impone es ir abriendo puertas nuevas, desarticular la expectativa automática, la explotación de un terreno ya conquistado. Poemas y antipoemas (1954) fue una bomba de profundidad, cuya necesidad imperiosa se captaría a pleno una década más tarde. Integrante de una vasta familia de músicos y poetas populares (donde brilló con una luz de vigor y nitidez casi insoportable su hermana Violeta), dio un primer corte lateral con La cueca larga. Folklórica sí, pero dialogada, y con una capacidad de enganche temático y anímico sucesivo que termina por comunicar la sensación de lo interminable, de la potencia generadora que se retroalimenta. Un fenómeno inexplicable de recarga (en vez de gasto) de energía, que es posible captar cuando se oye uno de sus recitales, donde su voz metálica promueve la necesidad del oído de seguir oyendo, a diferencia de otros autores con timbre semejante que, sencillamente, adormecen a base de percutir.

Por escrito, ese mecanismo de infinitud (que al fin termina) se registra en los discursos sobre Rulfo o sobre Huidobro recogidos en su último gran libro, Discursos de sobremesa (2006). Allí encadena poemas en vez de coplas, sin un sistema de dependencia lineal, sino en despliegue centrífugo a partir del nombre homenajeado, sin negarse ningún desarrollo, incluso crítico, por lo general breve, para mantener el equilibrio entre el avance y la proyección en direcciones distintas.

Aquel primer libro-explosión de 1956 incluía en el título la palabra clave: «antipoemas» (aunque siempre subrayó la relación inevitable con la palabra «poemas»). Según contó en una charla en un liceo, el nombre se le había ocurrido al pasar por una librería donde vio el libro de un francés, titulado Apoèmes o Apoemas. Se preguntó por qué el autor no se había atrevido a usar la palabra «antipoemas». Ya decidido, definió el antipoema como claramente «estrambótico, más o menos destartalado», y lo relacionó con el poema, la otra «mitad de la historia».

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Con la llegada de la antipoesía hay no sólo un cambio desde la trascendencia, la penumbra o la sombra a la luz, la claridad y la nitidez. También se sube el volumen de la voz. Al leerla se tiene la sensación de ser interpelado en voz alta por un sujeto cambiante (desaparece el «yo lírico»), que suele presentar rasgos de la corte de los milagros que han ido fabricando las ciudades latinoamericanas en sus calles, barrios, plazas y oficinas: borrachos, vagabundos, falsos profetas, fanfarrones, tías macabras, oficinistas engreídos, mujeres como fieras, simples energúmenos. La voz es además como la de un actor que en vez de estar sobre un escenario habla en la calle (muchas veces pasa, en el escenario, con Shakespeare).

Por otra parte la antipoesía no se presentó nunca con el ropaje llamativo, ambicioso y voluntariamente renovador de la vanguardia. Eso hizo más insidiosa y definitiva su inserción en el corpus de la lengua de América Latina, sobre todo teniendo en cuenta que buena parte de sus raíces existían de sobra en el tejido del habla común. De algún modo abarca tanto que termina por no notarse en primera instancia: que se ubique fuera del ámbito académico (aunque no deje de sumar a los profesores a su corte de los milagros) colabora en esa paradoja existencia/inexistencia. Su temática y tono casi prosaicos disimulaban además el extraordinario talento rítmico de Parra, su uso demoledor del endecasílabo, para él una especie de cimiento absoluto del lenguaje, del idioma castellano. Aunque empleó una y otra vez el enfoque conceptual, situacionista. Como esos cuatro sonetos donde las letras son reemplazadas, todas, por pequeñas cruces de cementerio. O aquel recital donde anunció que leería un soneto censurado, y se quedó (dramáticamente) callado el tiempo exacto que habrían durado las palabras dichas.

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La contradicción, la paradoja, la unión de contrarios, la explosión porque sí («de puro curda», diría el tango), está en la base del sistema, y le asegura su reciclaje permanente. «La izquierda y la derecha unidas / jamás serán vencidas», dice uno de sus artefactos. El mismo no puede ser, a la vez, más chileno, y menos chileno, más poeta, y menos poeta. Todo el tiempo Parra entra y sale, está y no está. Para encontrar un creador semejante habría que saltar al campo de la música popular, donde Bob Dylan tuvo también él una conciencia plena, desde un principio, de su lugar en perpetuo movimiento, que no podía permitir que lo fijara la máquina de fabricar falsos sentidos del periodismo en un tono determinado (folk, de protesta, rock), igualmente comunicador de lo alto y lo bajo, de la calle y la gran poesía generadora de cualquier época. Ambos, hasta cierto punto, terminaron por ser, como buscaban, hombres de ningún lugar, para mejor comunicar, transmitir los humanos de todos los lugares.

Mientras otras zonas de su interés se concentran en adelantos teóricos de la ciencia (por ejemplo, hace unos años, los «campos morfogenéticos» de los que hablaba cierta biología), buena parte de sus movimientos tienen como fin desmarcarse, no dejar que lo atrape una forma (en ese sentido, recuerda a Gombrowicz). Algunos de sus «artefactos» son chistes, otros tienen la contundencia aforística de los clásicos. Algunos de sus grandes poemas expresan en pocas líneas, que pueden incluir el título: «Pronunciando tu nombre te poseo / no ganas nada con huir de mí / puesto que como dice el título de este poema / pronunciando tu nombre te poseo». Parece tautología, pero en realidad está diciendo otra cosa, que mantiene su caudal inexplicable.

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Parra habla en serio pero en broma, en broma pero en serio, aunque siempre una firmeza de actitud, una conciencia cultural de siglos de producción de lo que a él le interesa, una historia personal compleja lo alejan de la mera provocación, de la transgresión en frío, calculada. Parte de su visión del mundo nació de un terremoto que destruyó el pueblo donde vivía, y a la larga terminó siendo un terremoto él mismo, pero otra vez paradójico, porque va construyendo tanto como lo que va destruyendo, y nuevo, inesperado.

De modo tan poco perceptible a primera vista como el de su poesía, y sin alejarse de ella, Parra ha ido siendo uno de los mejores lectores y críticos de la propia poesía chilena, tarea continuada en reportajes o textos de ocasión. Desde Gabriela Mistral a Pablo de Rokha, desde Huidobro a Neruda, los faros principales de ese trayecto nacional específico pasaron bajo su mirada y fueron devueltos en opinión, en uso, en crítica, en broma.

Pero mascándolos, digiriéndolos: «Neruda no es el único monstruo de la poesía; hay muchos monstruos», declaró. «Por una parte hay que eludirlos a todos, y por otra, hay que integrarlos, hay que incorporarlos. De modo que si ésta es una poesía anti-Neruda, también es una poesía anti-Vallejo, es una poesía anti-Mistral, es una poesía anti-todo, pero también es una poesía en la que resuenan todos estos ecos.» Lo mejor del asunto es que la antipoesía (o, para ser menos clasificadores, lo que Parra hace) no ha terminado por generar una retórica estática, represora. Su influencia se ha difundido por el modo en que atrae su modo de dar permiso, de abrir la cancha en vez de cerrarla, de generar la audacia de hacer aquello que se tiene ganas de hacer, sobre todo con las palabras. Dicho de otra manera, la acción, la existencia, la influencia de la anti- poesía puede detenerse por entero en cualquier momento. Y no pasa nada. O, justamente allí, pasa de todo. A partir de lo que siempre puede hacerse, en silencio, sin que nadie se entere: leerla.

Elvio E. Gandolfo


La sonrisa del Papa nos preocupa

nadie tiene derecho a sonreír
en un mundo podrido como éste
salvo que tenga pacto con el Diablo
S.S. debiera llorar a mares
y mesarse los pelos que le quedan
ante las cámaras de televisión
en vez de sonreír a diestra y siniestra
como si en Chile no ocurriera nada
¡Sospechoso señoras y señores!
S.S. debiera condenar
al Dictador en vez de hacer la vista
gorda
S.S. debiera preguntar
por sus ovejas desaparecidas
S.S. debiera pensar un poquito
fue para eso que los Cardenales
lo coronaron Rey de los Judíos
no para andar de farra con el lobo
que se ría de la Santa Madre si le
parece
pero que no se burle de nosotros


Lo que yo necesito urgentemente

es una María Kodama
que se haga cargo de la biblioteca
alguien que quiera fotografiarse
conmigo
para pasar a la posteridad
una mujer de sexo femenino
sueño dorado de todo gran creador

es decir una rubia despampanante
que no le tenga asco a las arrugas
en lo posible de primera mano
cero kilómetro para ser más preciso

o en su defecto una mulata de fuego
no sé si me explico:
honor y gloria a los veteranos del 69!
con una viuda joven en el horizonte
el tiempo no transcurre
¡se resolvieron todos los problemas!
el ataúd se ve color de rosa
hasta los dolores de guata
provocados x los académicos de
Estocolmo
desaparecen como por encanto


Como les iba diciendo

número uno en todo
no ha habido -no hay- no habrá
sujeto de mayor potencia sexual
que yo
una vez hice eyacular diecisiete
veces consecutivas
a una empleada doméstica
yo soy el descubridor de Gabriela
Mistral
antes de mí no se tenía idea de
poesía
soy deportista: recorro los cien
metros planos
en un abrir y cerrar de ojos
han de saber que yo introduje
el cine sonoro en Chile
en cierto sentido podría decirse
que yo soy el primer obispo de este
país
el primer fabricante de sombreros el primer individuo que sospechó la posibilidad de los vuelos espaciales
yo le dije al Che Guevara que
Bolivia no
le expliqué con lujo de detalles
y le advertí que arriesgaba su vida de haberme hecho caso
no le hubiera ocurrido lo que le
ocurrió
¿recuerdan ustedes lo que le
sucedió al Che Guevara en Bolivia? imbécil me decían en el colegio
pero yo era el primer alumno del
curso
tal como ustedes me ven
joven -buenmozo- inteligente
genial diría yo
-irresistible-
con una verga de padre y señor mío que las colegialas adivinan de lejos
a pesar de que yo trato de disimular
al máximo


La poesía terminó conmigo

Yo no digo que ponga fin a nada
no me hago ilusiones al respecto
yo quería seguir poetizando
pero se terminó la inspiración.
La poesía se ha portado bien
yo me he portado horriblemente
mal.

Qué gano con decir
yo me he portado bien
la poesía se ha portado mal
cuando saben que yo soy el
culpable.

¡Está bien que me pase por imbécil!

La poesía se ha portado bien
yo me he portado horriblemente mal la poesía terminó conmigo.


La montaña rusa

Durante medio siglo la poesía fue
el paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
y me instalé con mi montaña rusa. Suban, si les parece.
Claro que yo no respondo si bajan echando sangre por boca y narices.


Ahora que ya revele mi secreto

Ahora que ya revelé mi secreto
quisiera despedirme de todos
ustedes
en total armonía conmigo mismo con un abrazo bien apretado
por haber llevado a feliz término
la misión que el Señor me
encomendó
cuando se me apareció en sueños hace la miseria de 22 años
juro que no le guardo rencor a nadie ni siquiera a los que pusieron en
duda mi virilidad
sepan esos reverendos señores
que soy un hombre
totalmente normal
y perdonen si me he expresado en
lengua vulgar
es que esa es la lengua de la gente.

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