El director y dramaturgo rosarino Rody Bertol definió algunos de los temas que atraviesan su última obra, “Un niño asustado”, como “la fragilidad, la soledad, las pérdidas, la cuestión de esa sucesión de despedidas y reencuentros en la que se nos discurre la vida”. En ese entramado se desarrollan los personajes interprertados por Gustavo Di Pinto y Santiago Pereiro, en un trabajo que marca la primera coproducción entre los grupos Esse Est Percipi y Rosario Imagina, que junto a La Estación y Bisagra, son los fundadores de La Orilla Infinita, el espacio donde se presenta la obra hoy, a las 19, en la sala ubicada en Colón 2148. “Un niño asustado”, contó el director a La Capital, “bordea la teatralidad y los interrogantes de esta vida que vivimos, y al vivirla vamos en parte perdiendo y en parte la vamos recibiendo”.
Mencionás que la obra bordea los interrogantes de esta vida que vivimos. ¿Cuáles son esos interrogantes? ¿Tienen respuestas?
Sí, cuando decimos, bordea los interrogantes de la vida misma, nos remitimos que de algún modo nuestros personajes se siguen preguntando lo que se preguntaban los personajes desde el origen del teatro, a través de esta rueda mágica que es la vida. El teatro es un ser humano frente a otro ser humano y de algún modo no ha evolucionado porque el ser humano no ha evolucionado ni cambiado sus grandes interrogantes existenciales: de dónde vengo, qué es la vida, a dónde voy, qué es la muerte. Preguntas que siguen moviendo esa rueda del tiempo y que no tienen en parte respuesta, y en parte las respuestas van mutando y se van transformando. Creo que también está en juego cuando les digo esto, las tres heridas Hernández, la de la vida, la del amor y la de la muerte. Esta obra se propone indagar y encontrar pequeños fragmentos para contar pequeñas historias que apuntan a emocionar, que apuntan a que el espectador pase un momento e imagine.
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El director y dramaturgo Rody Bertol.
¿Cuál es el punto de partida de esta obra? ¿Cuándo y por qué surgió?
Berman dice que las obras están guardadas, él prefiere imaginar, en un rincón especial del alma y en algún momento, por algún motivo, por algún hecho desencadenante, aunque sea mínimo o muy trascendental, emergen sin que nos lo propongamos y cuando nos queremos dar cuenta ya estamos haciendo una obra y esa obra ha venido viajando en nosotros mismos hace mucho tiempo. Por qué surgió no lo sabemos, el tiempo y con el tiempo iremos develando que había muchos motivos por los cuales yo por ejemplo, este invierno de 2023, tenía que hacer “Un niño asustado”, pero hoy no lo puedo reconocer porque los que hacemos teatro, los que inventamos escenas y hacemos obras creemos que nosotros originamos y hacemos el teatro y no es así, en gran parte el teatro nos hace a nosotros, por eso siento que somos personajes en fuga que nos buscamos vagamente toda la vida.
¿A qué se refiere el título?
El título se refiere a destacar que todos llevamos dentro un niño asustado toda la vida y que cuando somos adultos y hay una situación que nos genera un susto podríamos sentir que nos transportamos a esa situación que sentimos siendo niños. Por eso, es como cuando lloramos. ¿Por quién lloramos cuando lloramos? Cuando lloramos en el teatro, sentimos una emoción que nos hace caer una lágrima, ¿por quién lloramos? Y lloramos por nosotros mismos. Hay un personaje que está en una situación que nos emociona, pero nos emociona nuestra propia pérdida, nuestra propia ausencia, nuestra propia fragilidad. Por lo tanto, el título propone dialogar con ese niño que todos somos devenidos de esa etapa de la vida de la cual nunca salimos, la infancia.
¿De qué manera se relaciona el texto con la fotografía que aparece en escena?
La fotografía en nuestra puesta en escena aparece como un modo escenográfico, es decir, en este caso no se propone ilustrar lo que está diciendo el texto, sino se propone decir, en el propio lenguaje de la fotografía, aquello que no está diciendo el texto y, de manera simultánea, aparece diciendo algo más, remitiendo a otras cosas. La fotografía, que es para nosotros nuestra escenografía, va desde cuestiones muy oníricas a cuestiones de una gran realidad, por eso cruzamos esas dos instancias con fotos de muy distintos calibres en momentos que son muy sensibles en la obra. La idea que el texto de la obra dialogue dramáticamente con el lenguaje de la fotografía, cuestión central de la puesta, se vio enriquecida con la participación del joven y gran fotógrafo rosarino Maximiliano Conforti, con quien ya habíamos trabajado el año pasado cuando montamos: “Yo te recuerdo Evita”. Fue tan feliz estéticamente ese encuentro, que decidimos apostar más fuerte en esta puesta.
¿Qué temas quisieran desarrollar y cómo son representados?
Cuando uno comienza a escribir una obra, a veces suele haber temas que nos proponemos desarrollar y vamos buscando cuál es la forma más sensible para poder transmitírselos al público. Sin lugar a dudas, la cuestión de la fragilidad, la soledad, las pérdidas, esa sucesión de despedidas y reencuentro en la que se nos discurre la vida, y en esa sucesión se va dando el misterio de cómo se entreteje. Por eso, decimos al comienzo de la obra que no vamos a hablar ni del camino, ni del destino ni mucho menos de una decisión; sí vamos a hablar de algunas imágenes, de algunos recuerdos, de cómo el tiempo ha ido transformándolos y vamos a hablar desde algunos sentimientos, pero es como pensar en esa voz con la cual hablamos la mayor parte de nuestros días, por lo tanto, la mayor parte de nuestras vidas. Uno se propone algunos temas y qué querés que te diga, a uno le sale lo que le sale y con eso sigue, sigue preguntándose y sigue haciendo esa misma obra todas las veces que pueda.