“Del 70 al 2000, Lo mejor de la música” parece la puerta de entrada al túnel del tiempo. Pero es mucho más que eso. Es tan lograda y placentera la puesta dirigida por Manuel Cansino -que tendrá su última función este sábado a las 21 en el teatro Broadway- que acciona como un viaje de ida a una burbuja, a ese espacio donde estás en el aire, como ajeno a todo. Pero, paradójicamente, conectado con tu fibra más íntima, con tu esencia, con tu adolescente del pasado, con tu sentimiento.
Son 14 los protagonistas de esta propuesta musical, humorística y emotiva: una ajustada banda en vivo con cinco músicos (Damián Azurza, voz, guitarra y dirección musical; Guillermo Juster, teclados y coros; Cristián Gallo, saxofón; Martín Giménez, bajo y coros; Damián Ribas, batería y coros); dos cantantes impecables: Sofía Gaggioli (con el pulso justo para el rock y el pop) y Gabriela Pierucci (se lució en las baladas románticas); y un cuerpo de baile expresivo (Noelia Giuntoli-también responsable de la coreografía-, Camila Blanco, Ayelén Torres, Facundo Fleita y Fabricio Algañaraz).
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Un dúo de lujo. El Negro Moyano y Gachy Roldán, ovacionados.
Y para lo último, la frutilla del postre: Roberto “Negro” Moyano y Graciela “Gachy” Roldán, quienes no solo son unos comediantes de primera línea sino que además, como plus, al ser pareja en la vida real tienen una química tan potente y genuina, que pueden trasmitir carcajadas o generar alguna lagrimita apenas con dos palabras o un gesto minimalista.
No es casual que aparezcan en este texto los 14 integrantes de este elenco, que son 15 ya que Manuel Cansino -quien se suma en el cierre con la canción del final-es la cabeza y el autor ideológico de la obra. Es que cada cual hace su parte con tanta entrega, que aparecen como piezas indispensables de una estructura que funciona como un relojito, por su dinámica, por la música y por un humor blanco, que apunta a rescatar las emociones de aquellas décadas sin necesidad de linkear con la historia política del país.
Y esta falta de soporte ideológico, que a algunos les podría parecer negativa, es un acierto de la propuesta de Cansino. Porque ese escenario convertido en un boliche, con bola de espejos y todo, es un hilo conductor a Ponziano, a Sambae y por qué no a Calahorra de Pérez, Wacros de Las Rosas, o también a Luna, Alcalá y Bucanero, por nombrar algunos boliches. Nadie iba allí a hablar de política, la grieta no existía, o era otra cosa que no se llamaba así, y la música te conectaba con una diversión urgente y necesaria. Y hacia allí apunta “Del 70 al 2000, lo mejor de la música”. A esa rocola gigante donde entra desde Madonna hasta Chayanne, de Queen a Valeria Lynch y de Charly García a Marcela Morelo.
La música manda, envía una suerte de guiño y ese estímulo es correspondido de inmediato por el público, que canta, que se anima a levantarse de la platea para bailar, y que disfruta de punta a punta hasta el “Gracias por la música”, de Abba, en el final. Porque la música pide pista y “Del 70 al 2000” le saca viruta al piso. Y también al corazón.