Los Angeles. — Whitney Houston, quien reinó en la música pop hasta que su majestuosa voz e imagen fueron destrozadas por el consumo de drogas, su comportamiento errático y su tumultuoso matrimonio con el cantante Bobby Brown, falleció a los 48 años. La muerte de Houston se dictaminó la tarde del sábado en una habitación del 4º piso del hotel Beverly Hilton, dijo el teniente de la policía de Beverly Hills Mark Rosen, cuando se la halló dentro de la bañera. Se ignora la causa del deceso, dijo la publicista de Houston, Kristen Foster.
El fallecimiento de Houston se produjo la noche previa al máximo espectáculo de la industria musical, los premios Grammy. La cantante fue recordada anoche con un homenaje en la voz de Jennifer Hudson, dijeron los organizadores. Houston acudió al ensayo del show el jueves y por eso estaba alojada en ese hotel. Fuentes del lugar aseguraron que Houston lucía despeinada, sudaba copiosamente y tenía aliento a alcohol y cigarrillos. Las dos caras. En la cima de su éxito, Houston fue la chica dorada de la música. Desde mediados de los 80 hasta finales de los 90, fue una de las artistas con mayor venta de discos.
Deslumbró al público con interpretaciones vocales potentes que tenían sus raíces en iglesias de negros pero que hizo apetecibles para las asas al darles un brillo pop.
Tenía la voz y la imagen perfectas: una hermosa cantante de gran atractivo pero nunca demasiado sexual, que mantuvo perfecto aplomo. Pero hacia el final de su carrera, Houston se convirtió en una impresionante dvertencia sobre el impacto de las drogas. Sus ventas se desplomaron y dejó de producir éxitos; su imagen serena fue destrozada por un comportamiento salvaje y extrañas apariciones públicas. Confesó que abusaba de cocaína, marihuana y píldoras, y su impecable voz se tornó ronca y áspera, incapaz de alcanzar las notas a las que llegaba en sus mejores tiempos.
“El mayor demonio soy yo. Puedo ser mi mejor amiga o mi peor enemigo”, dijo Houston a la cadena ABC en 2002. Fue una caída trágica para una superestrella que llegó a ser una de las artistas pop más exitosas de la historia, con más de 55 millones de discos vendidos sólo en Estados Unidos.
Grandeza. Houston pareció haber nacido para la grandeza. Era la hija de la cantante de gospel Cissy Houston, prima de la diva pop de los 60 Dionne Warwick y ahijada de Aretha Franklin. Empezó a cantar de niña en la Iglesia Bautista Nueva Esperanza en Newark, Nueva Jersey.
Ayer por la mañana, en la iglesia, tarjetas de condolencia fueron colocadas sobre la reja. “A la mejor cantante de todos los tiempos”, decía una, atada a un pequeño ramillete de flores frescas. El pastor pidió fuerza para la familia de Houston.
Durante su adolescencia, Houston le hizo coros a Chaka Khan, Jermaine Jackson y otros, mientras trabajaba como modelo. Fue por esa época que Davis, un magnate de la música, la escuchó cantar. “Laprimera vez que la oí cantar con su madre en un club, el impacto fue muy grande”, dijo.
Poco después, el resto del país lo sintió también. Houston lanzó su primer álbum en 1985, “Whitney Houston”, que produjo un éxito tras otro. “Saving All My Love for You” le mereció su primer premio Grammy, a la mejor cantante pop. Los sencillos “How Will I Know”, “You Give Good Love” y “The Greatest Love of All” también se convirtieron en hits. Otro disco multiplatino, “Whitney”, salió en 1987 con éxitos como “Where Do Broken Hearts Go” y “I Wanna Dance With Somebody”.
Las críticas sobre que le restaba importancia a sus raíces negras para cantar pop y llegar al púbico blanco, fueron una constante en su carrera. El lado sucio. Algunos vieron su matrimonio en 1992 con el cantante soul de New Edition Bobby Brown como un intento por rebatir esas críticas. Parecía una unión extraña: una princesa del pop con un niño malo. La pareja tuvo una hija, Bobbi Kristina, en 1993.
Pasaron varios años hasta que el público vio el lado sucio de Houston. Su emotiva interpretación del himno estadounidense en el Super Bowl de 1991, en plena Guerra del Golfo Pérsico, la reafirmó una vez más como la novia de EEUU. En 1992 se convirtió en una megastar cuando actuó en el filme “El guardaespaldas”, junto a Kevin Costner. Pese a reseñas mixtas, la historia de un ex agente secreto que ciuda de una cantante fue un éxito.
También le dio su éxito más memorable: una sensacional interpretación de “I Will Always Love You” de Dolly Parton, que se mantuvo primero en las listas de hits por semanas. Ganó el Grammy a la grabación del año y mejor interpretación vocal pop femenina, y la banda sonora de “El guardaespaldas” fue álbum del año.
Con otro exitoso disco de estudio, “My Love Is Your Love”, de 1998, obtuvo un Grammy a la mejor interpretación vocal femenina de R&B por el tema “It’s Not Right But It’s Okay”. Durante esos triunfos personales y profesionales, Houston consumía drogas. Houston le atribuyó el problema a su difícil matrimonio con Brown. La pareja se divorció en el 2007.
Houston se sometió en dos ocasiones a rehabilitación. Pero luego canceló conciertos, fue detenida en un aeropuerto y sufrió colapsos emocionales en público. Se retiró por unos años y montó un regreso a los escenarios en 2009 con el álbum “I Look To You”. Pero pronto volvieron los problemas: su voz sonó como cortada y desafinada. Houston había perdido su valioso don, al no alcanzar las notas altas y decepcionar a muchos fans.