En medio del fragor del fuego contra fuego que destilan las emisoras de Capital Federal que suelen tener una bajada local, Lucas Ameriso abre la segunda mañana de LT8 e invita a toda la audiencia para sumergirse en esa compañía previa al mediodía, con análisis, reflexión y un punto de vista despojado de toda verdad absoluta o revelada con la que por momentos atormentan los principales medios masivos porteños a la hora de arriar ganado como si de animales de corral se tratara.
De esto se trata “Todos en La Ocho”, un programa radial que va de lunes a viernes de 10 a 12 y pregona ese respeto por la audiencia, sin perder el rigor periodístico y la dinámica que suele imprimir la radio matutina, con información al instante, móviles y entrevistas al aire. Sin dudas, Ameriso y todo su equipo periodístico logran ese punto intermedio en el tratamiento de la noticia que siempre es tan difícil de lograr.
Lucas Ameriso y sus inicios en la radio
Apenas era un pibe y aún tocaba una batería Remo, de aquellas con tonos profundos y bien noventosos, pero ya deambulaba por los pasillos de la Siberia en la facultad de Comunicación Social, de la cual egresó y que luego le permitió pasar por diferentes medios, entre ellos, el diario La Capital y LT8, donde actualmente se desempeña.
"Siempre escuché radio de chico y en los espacios que me tocaba recorrer estaban siempre impregnados por la radio. Es más, durante el cursado de la carrera de Comunicación Social empezamos a hacer radio con un grupo en la vieja FM TL, que estaba por calle San Juan”, recuerda Lucas a la hora de ponderar y valorar los diferentes roles por los que pasó en el universo radial, desde producción de contenidos y de programas, aire y móviles.
“Empecé de che pibe en la LT8 con grandes de la radio y tuve suerte de ser una pequeña parte de la nave insignia de la radio como lo fue el programa Los Mejores”, destaca Ameriso al tiempo que se enorgullece de haberse formado con periodistas de la talla de Reynaldo Sietecase, Pablo Feldman, Susana Tealdi y Norberto Chiabrando, entre otros. “Es por eso que a la hora de encarar un proyecto, terminás de entender todo eso que venías haciendo en otra etapa, sobre todo por el respeto y el compromiso del trabajo en equipo”, valora.
Una mañana en LT8
Luego de los temas que se ofrecieron como pan caliente en la primera mañana de la mano de Guillermo Zysman, Ameriso llega para darle continuidad y reflexión a aquellos retazos de tela que suelen quedar de la agenda diaria, pero sin abandonar la dinámica radial y la inmediatez cuando los temas lo ameritan.
“Busco entender el espacio que me toca en esa segunda mañana en relación al oyente, en ese momento cuando la radio es compañía y está de fondo en un taller, un comercio, un estudio jurídico, consultorio, repartidor o aquel que se desplaza en bicicleta, puesto que de eso se trata: de acompañar a la gente después de la urgencia informativa de la primera mañana, es por eso que me involucro con la gente a partir de una producción de lujo”, destaca.
En ese sentido, subraya: “Rosario tiene que sentirse muy orgullosa de los periodistas, comunicadores y comunicadoras que hay porque tienen un potencial enorme; trabajan muy bien, con mucho talento, son buena gente y lo hacen con mucho profesionalismo y eso permite un ensamble con otras generaciones como no solía ocurrir cuando empecé a dar los primeros pasos en los medios de comunicación, pese a que hay excepciones”.
El compromiso y la información como pilares
Para Lucas, la radio no deja de ser un servicio a la comunidad más allá de pasar momentos distendidos y agradables acompañados de buena música. “La radio, como otro medio de comunicación, también es un servicio que permite transmitirle al vecino o vecina dónde hay un corte de tránsito, un corte de agua o de luz, o cuándo cobran los jubilados”, ejemplifica.
En ese contexto, también defiende el disenso y a la vez cuestiona aquellas posiciones radicales que se adueñan del micrófono. “Dentro de un universo en el que hay muchos que intentan ocupar un lugar de predicador o mesías, me parece que lo más importante tomarse un momento para la reflexión y el análisis en un universo de contrapunto de ideas para que la gente pueda pensar y realizar su propia opinión, sin colocarse el traje de fundamentalista. Eso no contribuye a nada”, sostiene.
Anécdotas en LT8
En su trayectoria en la calle, cuando salía por los barrios de la ciudad para hacer el móvil de la radio, una de las tareas más curiosas que le tocó realizar fue en el período de elecciones. “Me tocó estar en un móvil en el que tenía que informarle a la gente dónde tenía que votar y era una locura porque se acercaban vecinos al estudio móvil e íbamos por todos los barrios, lo cual marca cómo han cambiado los tiempos”, cuenta con cierta comicidad en una de las anécdotas que conserva.
Y agrega: “En ese momento teníamos como una especie de megáfono, que era una suerte de propaladora fuera de aire para conectar con el estudio y anunciar que estábamos en tal barrio, ese día y en ese lugar, lo cual evidencia cómo la tecnología ha cambiado las costumbres y las formas de comunicarse”.
La radio y el avance de la tecnología
A diferencia del temor que por momentos representa el avance arrollador de la tecnología en los medios de comunicación, para Ameriso ese factor potenció a la radio y ayudó a acercar aún más al oyente.
“El vínculo permanece inalterable y está más vivo que nunca porque, a diferencia de la televisión donde hay un menú tan variado, la llegada de la tecnología potenció a la radio”, sostiene Ameriso. Y en ese sentido, comenta: “Las muestras de empatía, como ocurre con el intercambio con la audiencia a través de WhatsApp, es por momentos emocionante. En otros medios sucede que somos vectores de información y aquí encontramos un ida y vuelta con la gente”.
Por eso es que también pone en relieve la importancia y el respeto por la audiencia, aquel que está del otro lado y que nunca se ve, aunque se expresa de igual forma por medio de llamadas o mensajes. “Hay un nivel de empoderamiento muy interesante de la gente que consume noticias, a diferencia de otras épocas donde el poder solo estaba en manos del emisor. Y en ese sentido hay que respetar y entender que la audiencia tiene a mano un abanico de herramientas para decidir si te sigue o no. Y el que no la entiende así y quiere ocupar el lugar de predicador, se equivoca”, concluye.