Un hotel de lujo en un destino exótico, o exotizado por el turismo, personajes insufribles, y un asesinato sin resolver. Esa es la premisa detrás de todas las entregas de “The White Lotus”, la serie antológica que desde su estreno en 2021 se convirtió en una de las favoritas del público y de la crítica. Atravesada por la sátira, cada temporada tiene lugar en un nuevo destino, con nuevos personajes. La tercera, filmada en Tailandia, estrena su primer episodio este domingo 16 en Max.
La celebrada ficción fue creada por el actor, guionista y productor Mike White, conocido por haber sido guionista de “Escuela de rock” (entre otras colaboraciones con Jack Black) y protagonizado la película independiente “Chuck & Buck” (2000). Si su nombre no suena particularmente, su cara es de esas claramente reconocibles como actor de reparto. Hace un par de años, dio un batacazo con la serie que, con un preciso tono satírico y mucho sentido del humor, expone las complejidades y miserias humanas.
La primera temporada, filmada en la isla de Maui en Hawai, se centró en las diferencias de clase entre huéspedes y trabajadores, propiciadas por las dinámicas de explotación de las comunidades y recursos locales implícitas en la hotelería de lujo. En la segunda, ambientada en Sicilia, el foco estuvo en las dinámicas de poder dentro de las relaciones amorosas y sexuales.
En cada entrega, el eje temático se vincula directamente con la idiosincrasia o la historia del destino elegido. Hawai no puede disociarse de la historia colonial que lo terminó anexando a Estados Unidos, e Italia es la tierra de la seducción. En Tailandia, el tema será la espiritualidad y la búsqueda existencial de sentido de los protagonistas. En todos los casos, se exhiben, para ser cuestionadas, las limitaciones y oscuridades que se esconden detrás de la opulencia.
"The White Lotus" y sus marcas registradas
Otra característica y fortaleza de “The White Lotus” es su estructura coral, sostenida por elencos siempre muy sólidos y actuaciones destacables. Esta vez, el grupo de huéspedes estará formado por: un grupo de amigas integrado por una estrella de televisión (Michelle Monaghan), una ama de casa (Leslie Bibb) y una abogada mamá soltera (Carrie Coon); la familia Ratliff, compuesta por papá financista (Jason Isaacs, que ya hizo de rico despreciable interpretando a Lucius Malfoy en la saga de Harry Potter), mamá snob (Parkey Posey, cara conocida del cine indie de los noventa) y tres hijos entre los que se destaca un fan del fitness interpretado por Patrick Schwarzenegger (hijo de Arnold); y la infaltable pareja amargada (Aimee Lou Wood, inolvidable en “Sex Education”, y Walton Goggins).
Del lado de los trabajadores del hotel, está Mook (en el debut actoral de Lisa, de la popular banda de K-Pop Blackpink) y el guardia de seguridad Gaitok (el tailandés Tayme Thapthimthong), una ex actriz devenida gurú de salud, un “sanador energético” ruso, y un manager alemán (interpretado por Christian Fedel, mostrando una faceta muy distinta a la que se destacó en la película “La zona de interés”, donde encarnó al comandante de Auschwitz).
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En el medio de las dos puntas del esquema, está Belinda, la masajista que apareció en la temporada 1, en la que entabló un fallido mecenazgo con el personaje de Jennifer Coolidge (la única que apareció en las dos entregas anteriores, y que ganó un Emmy por su celebrada interpretación camp). Esta vez, llega al hotel de Tailandia para capacitarse en técnicas específicas de sus pares de la región. De esta forma, “The White Lotus” sostiene la continuidad narrativa de su universo, y también da cuenta de un entramado sistémico en las relaciones y dinámicas sociales que retrata.
Como ya es marca registrada, el episodio inaugural empieza con un “flash forward”: la aparición de un cuerpo sin vida y sin identificar en el resort en cuestión. Acto seguido, la temporalidad va una semana atrás, con la llegada de los turistas al hotel. El punto será descubrir quién murió y cómo, en una lógica que toma lo mejor y a la vez expande la idea del “whodunit” (esa vieja y querida premisa del policial donde la trama se basa en descubrir quién cometió un crimen), con la aparición de una literal “arma de Chéjov” (el principio dramático que le da cualidad narrativa a la mostración explícita de un objeto en un momento de una historia).
Entre el consumismo y la espiritualidad
Sin embargo, esta temporada se diferencia de las otras por tomarse más tiempo en develar los conflictos y tensiones internas y externas de los personajes. Como si tuviera la lentitud de las meditaciones que convocan a algunos de los visitantes a esa isla del sur de Tailandia (la serie fue filmada en locación en el Four Seasons de Koh Samui), la profundidad emerge de a poco a la superficie. O mejor dicho, se revelan progresivamente a través de los ocho episodios (con lanzamientos semanales cada domingo) nuevos niveles posibles de profundidad y oscuridad.
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Mike White insiste con dos imágenes: monos y Budas. En un hotel tailandés centrado en el “wellness” (el bienestar), el materialismo y lo material (incluyendo el culto al cuerpo y lo visceral), chocan abruptamente con una frívola búsqueda espiritual. Más que nunca, el consumismo occidental colisiona con otros paradigmas y cosmovisiones, como ya había pasado en la primera temporada en Hawai. Los protagonistas, siempre de países del Norte global, consumen hasta exprimir lo que ofrece esa tierra en apariencia exótica y mágica de los Sures del mundo. La famosa apropiación cultural es convertida en un bien de cambio. Esto se pone de manifiesto sobre todo (y de forma hilarante) en el capítulo donde algunos se aventuran a una excursión nocturna a Bangkok, la capital tailandesa conocida por el turismo sexual y de excesos.
Con una cuarta temporada confirmada antes de empezar la tercera, Mark White no se desespera ni cede a la presión de cumplir con las expectativas del público. Sostiene la vara alta sin esfuerzos desmedidos, sin forzar el verosímil, y manteniendo el ojo atento a las especificidades del destino particular. Sobre todo, sale airoso de su mayor desafío: adaptar el tono a nuevos personajes y distintas idiosincrasias.
“Este es mi trabajo soñado, porque puedo destruirlo todo al final de cada temporada y empezar de nuevo”, aseguró White en una entrevista. Sin dudas, el guionista hace de esa característica una virtud, entregando otra historia tan entretenida como brutal.