La película, que se estrena hoy en Rosario y es la segunda producción de Niklison después de "Diletante", cuenta con los protagónicos de la actriz brasileña Camila Morgado, conocida por el filme "Olga", de Jayme Monjardim; y la argentina Maricel Alvarez, quien tomó trascendencia tras su participación en "Biutiful", de Alejandro González Iñárritu.
—¿"Vergel" es un intento de entender la muerte?
—Lo primero que te voy a decir es que soy muy escorpiana y el escorpión es el que sabe de la muerte, es el gran transformador. La muerte en realidad es eso, una transformación. Y ese camino de "Vergel" fue el camino de entrar en contacto con esa energía. La muerte no es un fin, por eso el vergel, la metáfora con las plantas y el ciclo muerte-renacimiento. Eso es lo que presenta la película, la muerte como un proceso de transformación.
—¿También quisiste mostrar que en medio de una angustia muy grande siempre puede haber una salida favorable, e incluso placentera?
—Es que no es racional. El porqué no importa, cuando llegás a una situación límite en tu vida no pensás racionalmente. Esa mujer está desesperada, no sabe qué hacer con ese tsunami que le llegó en la vida de repente: en un instante su ser amado desaparece y ella no sabe qué hacer con eso. Y ese no saber qué hacer te lleva a las cosas más disparatadas, que no tienen cabida desde un lugar racional. Pero ella no es más ella. Está rota y no estará más entera, entonces todo lo que puede sucederle a partir de ese momento entra dentro de ese orden.
—¿A pesar de este drama, por qué sostenés que esta película es la búsqueda desesperada de la belleza?
—Mirá, yo creo que "Vergel" es una oda al dolor. Es una película bella propositalmente, porque hay gente que se empecina en evitar el dolor, y es una cosa tan básica. El dolor es parte de la vida, la muerte es parte de la vida, no hay que darle la espalda.
—Hay que transitarlo.
—Hay que amarlo, no pasarlo nada más. ¿Y con amor sabés qué te quiero decir? Mirá, la otra vez una mujer me dijo que estaba pasando un momento doloroso porque se le murió el marido. Y después me dijo "a ver cuándo pasa este dolor". Y yo le dije "¿cuál es el apuro?". Es la vida.
—¿Tu personaje busca algo de felicidad tanto en su interior como en el afuera?
—Yo no creo que ella esté buscando felicidad. Ella tiene un dolor encima y no sabe cómo hacer con eso, va manoteando lo que puede. Ella busca sanidad, busca sobrevivir y el afuera está permanentemente jugando porque la vida sigue. Cuando murió el gran amor de mi vida hace muchísimos años, yo estaba en Amsterdam y me decía "¿cómo puede ser que la gente puede ir al supermercado y seguir viviendo si este hombre murió?" El mundo sigue, uno piensa que el mundo acabó pero la vida sigue.
—¿Hay algo de autobiográfico entonces en "Vergel"?
—No, nada que ver, pero como escorpiana conocedora de la muerte vi muchísimas muertes, porque murió mi papá, mi mamá, mi hermano, mi primer novio. Pero no es eso de lo que hablo, sino de las cosas que uno va dejando atrás en la vida. Yo fui trapecista, fui actriz, y hay pequeñas muertes. "Vergel" habla de todas las muertes, en los procesos, en las relaciones, de lo que va y no vuelve. Uno cree que se queda sin nada y en realidad es transformación, te abren otras cosas, es el círculo de la vida.


































