Es viernes y la noche del barrio porteño de Villa Crespo está alborotada, como cada fin de semana, por la actividad del Movistar Arena. Una multitud decididamente mayor de treinta años hace una fila prolija para ingresar al recinto. En el aire se percibe esa ansiedad alegre previa a los recitales. Pero hay algo distinto en esta anticipación: la urgencia de esa felicidad contagiosa que sólo una banda como Pulp sabe generar.
La primera visita de la banda a la Argentina había sido en 2012 y la segunda, hace relativamente poco, en noviembre del 2023. Desde entonces, pasó algo muy importante: Pulp lanzó “More”, su octavo disco de estudio y el primero desde “We Love Life”, en 2001. El público no lo esperaba y ellos no lo necesitaban (ya tenían suficiente material original memorable para tocar hasta aburrirse), pero los de Sheffield sacaron un discazo total, alineado con la esencia sonora, estética y anímica de la banda.
Con la excusa de las canciones nuevas, Jarvis Cocker y los suyos armaron la gira “You Deserve More Tour” (“se merecen más”), con la premisa de volver a los lugares donde fueron felices. Y se sabe que el público argentino en general, y el público britpopero en particular, suele estar a la altura.
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Pulp empieza el show con dos temas de “Different Class”, su disco más exitoso y uno de los mejores de los noventa. La segunda canción es “Disco 2000”, uno de sus indiscutibles hits, que toma al público por sorpresa y pone a bailar, cantar y saltar hasta al más distraído de los espectadores. Un emblema de la identidad de la banda: narrativo, divertido, implacable. Un subidón asegurado.
Después llega el turno de “Spike Island”, la primera de “More”. Cocker anticipa cada canción de la lista un poco en inglés, un poco en un español atravesado que leía de un machete, haciendo juegos de palabras para incorporar el título en una frase. Su voz grave inconfundible, su tono seco siempre al borde del chiste.
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La puesta de luces y visuales está al servicio de la música. Colores y formas que recortan a al cantante y sus entrañables pasos de baile sobre el fondo, resaltando su silueta desgarbada haciendo sus movimientos característicos. Jarvis Cocker, uno de los frontman más singulares y queribles de la historia de la música. Algunos distraídos del público comentan que parece mala onda, pero es apenas un inglés que no vende humo.
No hay gran despliegue escénico más allá de eso, apenas unos muñecos inflables de esos largos (en Argentina, típicos de playas de estacionamiento), que se despliegan un rato al comienzo y al final del show. Como vienen afirmando muchas bandas de la trayectoria y la altura de Pulp, no necesitan construir un show plagado de estímulos: se trata de compartir la música, y eso es más que suficiente.
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Los de Sheffield alternan entre clásicos y temas de su nuevo disco. Así suenan “Razzmatazz”, “Slow Jam”, “F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E.”, “Pink Glove”, “Underwear”, “Farmers Market”, y “This Is Hardcore”. Es fácil distinguir en la audiencia a quienes son oyentes intensos de la banda de quienes fueron porque vale la pena ir a ver a Pulp: son los que reaccionan apasionadamente a los temas viejos, con ojos cerrados, brazos en el aire y cantos viscerales. Después de “Sunrise”, se anuncia un intervalo de quince minutos.
Pulp - ARD_0677 - Foto de @agustindusserre
Aunque alcanzaron su éxito masivo en los noventa como parte de las llamadas “cuatro grandes” del britpop (junto con Oasis, Blur y Suede), Jarvis Cocker y los suyos empezaron su camino hace casi cincuenta años, a finales de los setenta. Con algunos hiatos en el medio, hoy se presentan en vivo con una formación de nueve músicos, que conserva, además de a Cocker, a tres de los clásicos: la tecladista Candida Doyle, el baterista Nick Banks y el guitarrista Mark Webber (el bajista Steve Mackey falleció en 2023).
Todos menos Webber (que se incorporó a la banda en los noventa) tienen más de sesenta años. En el caso de Doyle, es emocionante verla tocar aún con la artritis reumatoidea que desde hace años deforma sus manos. Las ganas de estar en el escenario son más grandes que cualquier secuela del tiempo. Es así que la segunda mitad del show es increíblemente más larga que la primera. Otra vez, los clásicos (“Lipgloss”, “Babies”, “Do you remember the first time?”) se encadenan con los nuevos y todo es goce.
En un momento cúlmine del show, Cocker pregunta qué tema falta, a sabiendas de cuáles son las canciones que se saben todos. Se viene otro de los hits absolutos: “Common People”, esa oda inoxidable y divertidísima que se ríe con elegancia de las clases altas y su banalidad. Y aunque parecía que ese era el final perfecto, el mismo Jarvis dice “una más” y termina cantando tres más: “A Sunset”, “Tina” (dedicada a “Argen-tina”) y “A Little Soul”. Aunque no lo necesitaban, Pulp ratifica nuevamente su estatus de banda inolvidable, de esas que a fuerza de una energía única demuestra que siempre pueden armar una fiesta más.