Un pornógrafo estuvo 40 años tomando fotos de mujeres y hombres desnudos mientras mantenían relaciones sexuales. También los fotografió parados frente a una ventana en un viejo edificio de Ovidio Lagos y San Lorenzo. Entre 1940 y 1982 Alberto Felipe Chaume tomó contacto con rosarinos de distintas clases sociales, pero sobre todo con "hacendados; gente de la Justicia y dueños de medios, gente poderosa y de dinero". El escritor Fabián Bazán lo retrató en su libro "El caso Chaume: el mayor pornógrafo argentino".
En 1981 una denuncia anónima sobre probables "cosas raras" que sucedían en ese departamento del macrocentro llegó al despacho del Juez de Instrucción Eldo Juárez. Cuatro meses después, el 11 de marzo de 1982, una Brigada Especial de la Unidad Regional II ingresó a ese departamento del quinto piso de San Lorenzo y Ovidio Lagos. "Es probable que el juez haya supuesto que allí se realizaban, como se decía entonces, actividades subversivas, pero encontraron otra cosa”, cuenta Bazán.
Allí se toparon con un pornógrafo que resultó invisible cuatro décadas y que tenía una colección de 27 mil fotos, ya reveladas, de parejas teniendo sexo; cientos de revistas pornográficas, algunas con fotos tomadas por Chaume y otras con él como protagonista y, como remate, una pareja teniendo sexo en plena sesión fotográfica.
"Ser pornógrafo, sacar fotos, no es delito. El delito se instala cuando en el medio aparecen menores", aseguró Bazán, quien tiene la experiencia de más de treinta años como funcionario judicial y realizó más de 40 entrevistas para escribir el libro.
El libro de Fabián Bazán aborda un inédito caso de pornografía en el Rosario de la dictadura
Chaume era un abogado oriundo de la ciudad de Santa Fe, subdirector general de Rentas (la actual Arca) casado con Beatriz Barsola y sin hijos. Aparentemente recaló en Rosario porque en su ciudad ya "se corría la bola sobre sus prácticas", recuerda Bazán.
"Las fotos son explícitas. No es una copia del icónico "Kama Sutra" indio. Cuando Chaume llegó de Santa Fe venía fugado a una ciudad que para él era libertina y moralmente más endeble que la capital provincial. El pasado prostibulario del barrio Pichincha sostenía su pronóstico" cuenta Bazán.
Fue detenido el mismo día del allanamiento. Los días posteriores los jueces buscaron testimonios; delitos posibles; datos que comprometieran a Chaume y a su mujer, pero en las primeras entrevistas no encontraron nada. Una mujer declaró: "No hice nada malo, soy mayor de edad. Disfrutaba e invitaba amigos a disfrutar conmigo en ese departamento“. Ni rufián, ni proxeneta, ni pedófilo. Chaume era un pornógrafo y eso no es delito. También era un excelente abogado y un hábil declarante.
Parte del material secuestrado era una libreta con números telefónicos, nombres, contactos. En esos días la prensa local ardía en chismes y un popular conductor de TV, "Raúl Granados, se paseaba por los estudios de Canal 5 con un libretita en la mano al grito de ¡Tengo la libretita; Tengo la libretita!"
Chaume con su esposa en una foto familiar
¿Clientes o víctimas?
Los que también se paseaban, pero en los pasillos de Tribunales, eran los responsables de los mejores estudios jurídicos de la época. “Los abogados de las mejores familias preguntaban por todos lados si había una lista, si íbamos a citar a alguien”; le admitió un juez a Bazán.
Rosario por esos años era una ciudad en la que la "Liga de la Decencia" marcaba una agenda y sugería qué se veía y qué no; tanto en cines como en teatros. Sin embargo, Chaume era invisible.
El pornógrafo tenía junto a su mujer Beatriz un negocio: "Rojaijú, en la galería "Mercurio". Una de las tantas anécdotas es la de Jorge, un menor de edad que declaró en tribunales. Casi cuarenta años después cuenta: "Yo fui al negocio de Chaume en la galería, arriba de una mesita había unas revistas porno y cuando vio que yo estaba inquieto y mirando me preguntó: ¿Ya debutaste? Después fui un tiempo al departamento. Allí nadie me obligó a nada que no quisiera, ni me ofrecieron plata ni drogas ni alcohol".
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Los jueces tomaron los testimonios de distintos menores y Chaume fue preso por un tiempo. El fallo fue contundente: "Autor del delito de corrupción de menores en 9 hechos". Cuando salió de la seccional 7ª, donde cumplió su condena, volvió a su casa y a sus andadas. Recibía gente, sacaba fotos y fue nuevamente un magnífico pornógrafo; pero ahora cuando dudaba de la edad de sus invitados les pedía los documentos, pero igual le sumaron otra causa casi a sus 70 años.
A su vez, cuando salió de la prisión trabajó para el estudio de penalistas que lo sacó de allí y según comentaban en ese tiempo sus escritos judiciales eran excelentes, casi un jurisconsulto, que por otra parte nunca había ejercido su profesión. Nunca tuvo una matrícula habilitante por más de una semana ni en la ciudad de Santa Fe ni en Rosario.
Al terminar el primer juicio en la causa que lo envió a prisión el fallo ordenaba quemar toda la evidencia de la causa, que desaparecieran los fotos, la libreta, los papeles que podrían comprometer a alguien.
El fallo
El exjuez Otto Crippa Gracía afirma en su fallo: "Las vistas fotográficas y las revistas deben ser decomisadas, destruidas, porque han sido un medio coercitivo para el accionar delictivo".
En una entrevista en el libro de Bazán Crippa García asegura: "Se trataba de material que no tenía más propósito que el de producir un delito y los elementos constitutivos de un delito deben ser destruidos. Además se debe preservar la identidad de quienes participaban". El expediente , por el paso del tiempo y merced a la Ley orgánica de Tribunales, fue destruido en 2006.
Chaume murió en la bañera de su casa el 18 de septiembre de 2002. Llegó al siglo XXI y presenció los cambios de fin de siglo, las fotos que fueron reemplazadas por videos y la pornografía sin tapujos, tal vez hubiera sido su paraíso, pero ya tenía 88 años. Sus bienes, ante la falta de herederos, fueron rematados y el dinero obtenido fue a parar al Ministerio de Educación, como lo marca la Ley. Pero faltaba mucho por contar del "Hombre", como aún lo siguen llamando los protagonistas anónimos de esa historia que conversaron con Bazán.
Nada se pierde todo se transforma y así es que el caso, destruido y quemado, llegó en formato libro para contar la historia del primer pornógrafo argentino, el fotógrafo invisible que estuvo 40 años disparando su lente sobre cuerpos rosarinos desnudos.