Miss Bolivia se define como “un ser militante”. Afirma que está en su esencia y que atraviesa “la obra”, que es como la cantante elige designar a su obra artística. La intérprete y autora, que fusiona desde cumbia y hip hop hasta electrónica y reggae, toca hoy a la medianoche en Vorterix (Salta y Cafferata). En diálogo con Escenario, contó cómo convive en ella la artista que convoca multitudes y la ermitaña, que en su vida privada habla con muy poca gente. “Me volví una persona subterránea”, confesó.
—¿Tus canciones con crítica social toman más fuerza cuando el poder de turno tiene motivos más evidentes para tus reclamos?
—Eh, sí, en realidad, la fuerza viene de un impulso creativo que es para mí el acto estético en sí mismo y me puede pasar por amor, por desamor, bronca o necesidad de manifestarme socialmente. Por supuesto que el interlocutor le da fuerzas, aunque hay fuerzas del proceso creativo que vienen de las tripas y que no tienen que ver con un otro a quien le estás reclamando, quizá te estás reclamando a vos mismo, tienen como vida propia. Pero por supuesto que parte de la obra toma mucha fuerza al tener un interlocutor con quien empatizar o al revés, cuando hacés algún tipo de denuncia.
—Tus letras son combativas y polémicas, pero hoy el tema que te hizo más popular es “Tomate el palo”, que es bastante liviano dentro de tu temática.
—Creo que lo que pasó con “Tomate el palo” fue que por su simpleza y lo real del relato generó mucha resonancia, ya que se trata de una historia universal, como es el desengaño amoroso. Y eso recortó el foco de la visibilidad y trascendió barreras de edad y clase. Lo que yo sí acuerdo es que es un tema que, comparado con otras canciones que hago, es más tibio en el aspecto militante, pero también parte de la obra habla de mí y de mis historias. Yo estoy muy agradecida con esa canción, porque de algún modo fue la punta del iceberg para el resto de la obra. Quizá por escuchar esa canción, alguien que no escucha música del palo, pero conoce ese hit, por llamarlo de algún modo, se interesa y escucha toda la obra, y le llega el mensaje de otras canciones que compuse.
—¿Creés que la canción militante se va a mantener siempre en tu carrera, más allá de los tiempos políticos que corran?
—Yo creo que sí, porque no puedo escapar de mí, yo soy un ser militante. Todos los artistas, por más que no seamos explícitos, somos autorreferenciales, entonces yo soy un ser militante y no voy a poder zafar de mi esencia. A veces va a estar más presente, más explícita, otras veces más metaforizada, pero la militancia va a estar porque desde que me levanto hasta que me voy a dormir intento ser consecuente entre lo que hago y lo que digo, y lo que canto. A veces me sale mejor, a veces me sale peor, pero la idea y la voluntad están, entonces en la obra va a estar y yo quiero que esté, es una condición mía.
—La versatilidad de estilos en tu música y temáticas, que van de lo más simple a lo más polémico, también se percibe en tus facetas personales, porque además sos psicóloga y estudiás para sommelier.
—Sí, le estoy dedicando mucho tiempo de mi vida a eso, aunque recién estoy en el primer año de tres, soy un pichón de sommelier. Pero sí, la obra está impregnada todo el tiempo con las vivencias, y me considero una persona plural en las facetas, porque soy muy inquieta y necesito parar, pero no puedo. Más que nada en la música, porque la psicología no la ejerzo hace ya varios años desde que tomé la decisión de dedicarme a Miss Bolivia, como forma también de vida, pero por supuesto que está, porque los libros que leí, las locuras que vi y mis locuras están en la obra. Después soy una persona quizá un poco más meditativa y reflexiva, vivo un montón en silencio, soy muy ermitaña, veo muy rara vez personas. Eso también es la obra, yo necesito esos estados de la nada misma, para que sea mi hoja en blanco y para poder crear, me volví una persona subterránea.
—Otra faceta más que sorprende, porque decís que rara vez te comunicás con personas pero concurren miles a tus shows. ¿Cómo conviven esos dos universos tuyos?
—Por mi lado necesito el balance. El show en vivo es para mí el momento preferido de la música, ahí se justifica todo, se justifica el sacrificio, las horas de sueño, no comer, todo por lo que alguna vez te quejaste se borra, es un lugar donde das todo y recibís todo también. Y hay un caudal muy ancho de intercambio energético bastante multitudinario de hace algunos años, y me voy a mi casa flotando en una nube de amor. Pero yo necesito un contraste, un balance. Cada vez que llego a mi casa, me toma un tiempo bajar un poco, me pongo las pantuflas, la joggineta, y necesito eso para poder encontrarme con la parte mía que soy yo y no son los otros.






























