La Trova Rosarina junto a Lito Vitale celebran 40 años de democracia con un show especial en la ciudad. La cita es el miércoles 13 de diciembre en el teatro El Círculo, y las entradas ya están a la venta desde el martes 31 de octubre en Ticketek.

A celebrar. Fandermole, Goldin, Garré, Baglietto, Gallardo y Abonizio.
La Trova Rosarina junto a Lito Vitale celebran 40 años de democracia con un show especial en la ciudad. La cita es el miércoles 13 de diciembre en el teatro El Círculo, y las entradas ya están a la venta desde el martes 31 de octubre en Ticketek.
Adrián Abonizio, Juan Carlos Baglietto, Jorge Fandermole, Fabián Gallardo, Silvina Garré y Rubén Goldin se subirán al coliseo rosarino en diciembre, junto a los teclados de Vitale para celebrar la música de estas últimas cuatro décadas, pero sobre todo, el camino recorrido y la democracia recuperada.
El concierto recorrerá la historia del movimiento artístico rosarino, con piezas emblemáticas que van desde “El témpano” y “Era en abril” a “Las cosas tienen movimiento” y “Mirta, de regreso”, pero también canciones del rock nacional y el cancionero popular argentino compuestas en la primavera democrática de los años 80, como “No soy un extraño”, de Charly García; “Maribel se durmió”, de Luis Alberto Spinetta o “Razón de vivir”, de Victor Heredia, entre otras.
La Trova Rosarina fue parte fundamental de la banda sonora del regreso a la democracia, a partir de letras con vuelo poético y una superlativa impronta compositiva, que desafió la censura y el autoritarismo en tiempos de Dictadura. Sin duda, la obra de estos autores y cantantes dejaron una huella imborrable en la música popular argentina.
Como cita el periodista Juan Aguzzi en el libro “Las cosas tienen movimiento”, editado por Santa Fe Cultura por los 40 años del surgimiento de la Trova Rosarina: “Son piezas de un mapa orgánico despuntando en las letras de Adrián Abonizio y Jorge Fandermole, en los arreglos de Fito Páez y Rubén Goldin, y en las voces de Silvina Garré y el propio Baglietto. Allí no había programa estético alguno, sino pura corazonada para tensar esos continentes sonoros que hablaban de la vida allá arriba, a la orilla de un río caudaloso”.
Y concluye: “Esa música estaba sesgada por las condiciones adversas de la dictadura, pero además se metía de manera prodigiosa en parajes diferentes para mostrar calamidades de un territorio común de modo casi elegíaco”.



Por Lucas Ameriso