“«La Moisés» es un acto de fe, una fe ciega en el teatro”, aseguró Maru Lorenzo, coautora y codirectora junto a Vicky Olgado de la obra que se estrena hoy, a las 20, en el teatro La Comedia (Mitre y Cortada Ricardone). El trabajo, explicó Lorenzo, es fruto de una idea surgida en el pico de la pandemia como “lugar de resistencia frente a la posibilidad de pérdida de espacios de creación” percibida en aquel momento. La pieza está ambientada en el barrio Refinería y sigue la vida de una santa pagana que nació en Brasil y creció en Corrientes, su relación con los devotos, sus plegarias y sus ofrendas.
Según adelantan, “se trata de una obra acerca de lo inexplicable, de lo que escapa a la razón, de lo paranormal que desnuda, en clave de humor, las más profundas angustias existenciales”. La pieza cuenta con las actuaciones de Adrián Giampani, Gabriela Bertazo, Mary Sojo, Luciano Matricardi, María Belén Ocampo y Cecilia Li Causi. Las entradas se pueden adquirir a través del sitio 1000tickets.com.ar.
¿Cuál fue el origen de la obra? ¿Cuál fue el disparador?
En un contexto de incertidumbre generalizada provocada por la pandemia decidimos comenzar este proyecto como lugar de resistencia frente a la posibilidad de pérdida de espacios de creación. A través de encuentros virtuales comenzamos a intercambiar ideas y asumimos el desafío de la codirección y codramaturgia del proyecto, pautamos una metodología y plan de trabajo. Como disparadores iniciales para el universo de la obra tomamos el libro «La Virgen Cabeza», de Gabriela Cabezón Cámara, y el cuento «La niña Santa», de Luz Vitoli, y trazamos ejes temáticos que delinearon la investigación que luego desarrollamos junto con el elenco. Esos ejes que fueron la columna vertebral de la primera etapa del trabajo fueron el esoterismo, el mito judeocristiano de Moisés, el río Paraná con su geografía, su biodiversidad y su cultura, las religiones afro, el candomblé y el sincretismo. El proceso de investigación se dió a través de dos modalidades, que se retroalimentaron. Exploramos en el espacio escénico, climas, registros actorales, movimientos y coreografías grupales, construimos los personajes, la trama y la estructura de la historia. Por otro lado, en un trabajo de mesa indagamos a partir de materiales de distintos soportes: literarios, cinematográficos, musicales, ensayos científicos, documentales, testimonios, experiencias concretas con gente ligada a la astrología y la adivinación.
¿La época actual es escéptica con respecto a la fe?
Atravesamos una gran crisis como sociedad en relación a la fe, a las creencias en general. Se han caído muchas de las referencias y andamos todos un poco perdidos buscando en qué o en quién podemos creer. Esta obra fue creada y escrita en medio de la pandemia del Covid en la que además de esa crisis ya existente se puso en crisis todo nuestro modo de existir. Si bien para todos fue un gran cimbronazo, a los teatreros nos dió en el punto de flotación. Teníamos impedidos los encuentros, la presencialidad de los cuerpos en el mismo tiempo y espacio, que es el requerimiento básico para que ocurra nuestro arte. Al principio de la pandemia la pregunta era si tal vez estábamos frente al fin del teatro. Para los que elegimos vivir de este arte tan particular, la crisis fue existencial. ¿Qué íbamos a hacer sin teatro? Algunos tenemos depositada toda nuestra fe en el arte. Necesitábamos volver a conectar con lo que en nosotros era lo más vital: crear ficciones. La interrupción abrupta de nuestro trabajo y la falta de perspectivas nos puso en un estado de incertidumbre e indefensión del cual sabíamos que solo íbamos a poder salir creando y con otros. Lo que nos mueve sigue siendo el deseo.
¿Cómo interpretás la irrupción de la obra en ese contexto?
“La Moisés” es un acto de fe, una fe ciega en el teatro, en el poder que tiene sobre nosotrxs, sobre lxs que lo hacemos y sobre quienes vienen a verlo. Nos aferramos con uñas y dientes a sostener este trabajo con viento en contra y en subida. En momentos donde lo que se puso en crisis fue el lazo social, y nuestro arte depende tan particularmente del encuentro, insistimos en buscarle la vuelta para mantenernos juntos, de la forma que se pudiera. Con barbijos, a distancia, al aire libre, con calor en verano, con frío en invierno, por zoom, cada unx desde su casa pero juntxs. Y como habíamos perdido tantas cosas, en este proyecto decidimos no perdernos de nada.
¿Cuál fue el mayor desafío?
Si ya el simple hecho de hacer una obra en este contexto era un desafío, decidimos redoblar la apuesta. Tiramos toda la carne al asador. Armamos un dream team, con un elenco y un equipo de producción y puesta en escena compuestos por profesionales con mucha experiencia y recursos en sus áreas con los que pensamos que lograremos la mejor versión de la obra. Como directoras y dramaturgas nos enfrentamos al desafío de escribir y dirigir juntas, que es sin duda un gran aprendizaje, y creemos que este encuentro nos ayudó a sacar lo mejor de nosotras. Con recorridos y personalidades distintas, en el trabajo encontramos un buen balance en el que creemos que pudimos desplegar nuestras potencialidades y encontrarnos en la construcción de una poética colectiva muy particular y distinta. Defendemos lo que hacemos reivindicando la profesionalidad, la autogestión, pensando una dinámica de trabajo en redes que fortalezca el circuito; apostamos a lo colectivo porque estamos convencidas que es la clave para sostener la realidad en la que vivimos.
La fe es considerado un tema serio, sobre todo cuando median, como adelantan, “las más profundas angustias existenciales”. ¿Cómo se filtra el humor en ese contexto?
Sin lugar a dudas, el humor es el mejor recurso con el que contamos para elaborar y digerir las angustias que nos atraviesan. En el teatro como en la vida es lo que mejor sabemos hacer: reírnos de lo que nos pasa. La risa vuelve todo más liviano, más llevadero. El humor ha sido un recurso al que hemos echado mano para contar y hablar de nuestras angustias más profundas, que creemos que son las de todxs lxs otrxs humanxs.